Historia verdadera en Macanao
Una peluquería puede comenzar por el secador de cabello
Autor: Salomón Raydán *
Hay que ser realistas y a la vez optimistas. Si queremos iniciar alguna actividad productiva en nuestra vida y comenzamos por poner nosotros mismos las dificultades, la tarea será mucho más difícil. No debemos colocar más obstáculos que los que realmente existen.
Esta es la historia de una mujer en la población de Boca de Pozo en Macanao, Estado Nueva Esparta. Cuando la conocí vivía en condiciones de bastante pobreza. Su condición se debía a circunstancias particulares de enfermedades familiares. Era especialmente tímida y destacaba entre el grupo de mujeres asistentes a una reunión por lo callada. Siempre tenía una risa nerviosa y pocas veces pronunciaba alguna palabra. Vivía en una habitación a medio construir y desde hacía mucho tiempo tenía el sueño de tener una peluquería. De hecho, había realizado algunos cursos, pero nunca se había atrevido a iniciar el negocio.
El Bankomunal con K de ese lugar comenzó prestando montos muy pequeños de crédito, pero a pesar de su timidez, fue de las primeras que se atrevió a solicitar uno, para comprar un secador manual de cabello. Yo asistí a esa reunión en la que ella solicitó el crédito y me sorprendió, por no decir fascinó, cuando al explicar su solicitud, no dijo que quería un crédito para un secador de cabello, sino para “arrancar una peluquería”.
Las otras mujeres bromearon con ella y no faltó quien la llamara soñadora. Me quedé entusiasmado por tal determinación y decidí hacerle seguimiento. Al correr del tiempo la mujer había pedido prácticamente un crédito mensual y la peluquería tenía ya un número importante de clientes. La otra cosa que noté fue que ya su casa no estaba a medio hacer, sino que ahora, toda era de bloques de cemento y había iniciado la construcción de otras habitaciones.
Hace unos meses, en compañía de un equipo de filmación enviado por la Corporación Andina de Fomento fui a visitarla. Habían pasado siete años desde aquella tarde de la solicitud para el secador. Su peluquería ya era un espacio aparte de la casa. Tenía todo lo necesario: silla de peluquero, lava-cabezas, espejos, aire acondicionado, aviso externo, etcétera. Lo mejor de todo era que su casa tenía tres o cuatro veces más el tamaño original de cuando la conocí.
Toda estaba construida con paredes de bloques y cemento, y su preocupación en ese momento era la de buscar alguien que la pudiera ayudar en algunas temporadas, en las que no era capaz de atender sola a todos los clientes. Nuestra amiga la peluquera, con escasos recursos y modestas posibilidades, encontró la oportunidad de emprender algo con determinación, entusiasmo y disciplina.
La primera condición para emprender un negocio es: no pongamos más trabas de las que ya tiene. Hay que ser realistas, pero optimistas. Si queremos iniciar alguna actividad productiva en nuestra vida y comenzamos por poner nosotros mismos las dificultades, la tarea será mucho más difícil.
No debemos colocar más obstáculos que los que realmente existen. Tampoco sirve un optimismo desenfrenado, donde no veamos los problemas, sino un realismo que nos ayude a medir la verdadera proporción de los problemas, para encontrar soluciones adecuadas.
Las finanzas y la realización exitosa de negocios no son misterios, son bastante más simples de lo que parecen. Todos tenemos la capacidad de aprender a proteger y multiplicar el dinero.
(*) Emprendedor social de la red internacional ASHOKA, creador de los Bankomunales con K, especialista en finanzas populares y presidente de Fundefir. salomonr@fundefir.org.ve
This entry was posted on Junio 15, 2009 at 10:24 am and is filed under Desarrollo, ciencia y conciencia, Imaginación e innovación, Venezuela. You can subscribe via RSS 2.0 feed to this post's comments.
Tags: Ashoka, Bankomunales con K, desarrollo ciudadano, emprendimiento económico y social, Fundefir, inspiración, libertad, responsabilidad, Salomón Raydán
You can comment below, or link to this permanent URL from your own site.