Archivo para octubre 2007

Polémica constitucional

octubre 12, 2007

Ley de leyes Vs. Rey de reyes

 

 

Constitución a la medida

 

Caracas, octubre 2007.- Las constituciones nacionales y cartas magnas, también conocidas como ley fundamental no son otra cosa que eso, un precepto general con valores, principios y enunciados aceptados por la casi totalidad de los integrantes de una determinada sociedad o pueblo, pensada para permanecer en el tiempo, y de la cual resultarán otros códigos, leyes y reglamentos. Su principal motivación es la gente, son los ciudadanos, emanan de ellos o se dedican a los mismos. Es un contrasentido mayúsculo concebirlas a la medida de un determinado mandatario, ignorando que toda gloria es pasajera. 

 

El proyecto de reforma constitucional presentado por el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, es mucho más que una mera reforma, y al mismo tiempo en vez de perfilar un modelo de país, lo que persigue es la creación de condiciones favorables, legales y fundacionales, al proyecto político, estilo de gobierno y las ideas personales de él mismo, incluida la reelección indefinida.

 

Esto desencadena entre otras muchas y naturales preocupaciones una medular ¿Es que de ahora en adelante cada nuevo presidente se sentirá en el deber y con el derecho de cambiar la constitución o de proponer las modificaciones profundas que a él le convengan?

 

Al autor de este artículo no le caracteriza la resistencia a los cambios y menos si se tratara de cambiar de bueno para mejor, pero advierte el peligro de que se deseche la estabilidad constitucional de la república (nada más y nada menos).    

 

Revolución de verdad

 

Del mismo modo que por mucho tiempo Chávez fue subestimado, incluso desde los años de su paso por la Academia Militar de Venezuela, la revolución chavista se ha venido subvalorando por parte de gran cantidad de actores políticos, que la han considerado solamente justificación o maquillaje de un gobierno autocrático de corte cívico-militar; mas ésta se ha dedicado a defender en la calle –políticamernte y de otros modos– cada centímetro conquistado e incorporado a su influencia revolucionaria.

 

No se trata de una revolución ligth, sino de una revolución con dinero, con el experto asesoramiento de operadores cubanos quienes por décadas han ingeniado y afinado tenaces mecanismos de control político, una revolución sin confrontación militar convencional en el campo de batalla –pero armada–, que no logra disimular con éxito sus restricciones a la libertad, y que necesita ser una revolución con todas las de la ley.

 

Ya hace un buen rato que Ernesto Guevara, el Ché, sugería que cada revolución encontraba su propio método, no obstante conserven características comunes entre si. El caso venezolano no constituye la excepción. Esta aunque distinta: suena a revolución, huele a revolución, actúa como revolución, lo cual hace prudente pensar que se trata de una revolución de verdad, que está pugnando por darse ese marco constitucional, que tocará a todos los ciudadanos aprobar, rechazar o acatar, en el caso de suceder lo primero.

 

La votación en diciembre próximo del proyecto de reforma, será incuantificablemente más importante que una elección presidencial. La historia venezolana se dividirá en el antes y el después de lo que en ella se decida. Por eso el estudio y el debate de la propuesta de reforma debe llegar a todos los rincones del país.   

 

No aplastarás

 

Es inaceptable el lenguaje presidencial cuando convoca a aplastar y pulverizar al adversario. Como ilusa y reprochable es la creencia de algunos opositores de que con un eventual cambio de gobierno, el chavismo y los chavistas serían reducidos a su mínima expresión hasta ser borrados y desaparecer. Ninguna política de exterminio –así sea retórica– puede ser aceptada por las grandes mayorías nacionales ni por el mundo civilizado; los venezolanos solemos estar a la altura de los compromisos, somos aguerridos y decididos, y también sabemos que la resolución pacífica de los conflictos ahorra pérdidas y evita heridas difíciles de cicatrizar. No en vano hemos sido consistente ejemplo de civismo democrático y madurez política en nuestro continente, aún en los momentos más críticos.

 

Si hubiera que aplastar algo, son ciertos problemas y vicios –nuevos y viejos–, a los cuales en verdad hay que declarar la guerra porque nos están desangrando o incapacitando: entre ellos la inseguridad personal y jurídica, la corrupción, el gasto desmesurado y sin control, el abstencionismo ocasionado por la desconfianza en las instituciones electorales, la manipulación informativa y de la educación.

 

De acuerdo con el gobierno, activos en la oposición, ubicados en el centro o declarados neutrales, los venezolanos y extranjeros residentes en el país no somos cucarachas, somos ciudadanos con capacidad de discernimiento, derechos, obligaciones y valores que debemos usar, defender, cumplir y promover, ello forma parte sustancial del juego democrático.

 

Chavismo para rato sin hegemonía

 

Los dirigentes, militantes y simpatizantes del movimiento político del actual Presidente de la República permanecerán en la escena, pero tienen que prepararse para la eventualidad de ser oposición democrática en el futuro ¿O es que piensan que nunca perderán una elección? Deben estar preparados para trabajar duro en recuperar el poder mediante elecciones libres de sospechas, como las que llevaron por primera vez a su líder a instalarse en Miraflores.

 

Para eso no hace falta una constitución roja rojita ni azul azulita ni alineada con ninguna parcialidad, solo hace falta una constitución justa, democrática, humanista y, si se quiere, innovadora. Y la actual proyecta precisamente ese contenido.

 

Las misiones del gobierno chavista han dado respuesta a necesidades reales de la población, la gente lo agradece, llegaron para quedarse y adaptarse a cualquier otra administración. Lo repudiable es que se utilicen para adoctrinar y confundir. Son medidas, planes o programas que en realidad no requieren –no tienen por qué– incluirse dentro de la constitución.

 

Los valores democráticos

 

No soy de los que creen que todo está perdido, pero paradójicamente opino –obvio que muchos no estarán de acuerdo conmigo–, que en vez de encontrarse en la Asamblea Nacional, el Poder Electoral, la Defensoría del Pueblo, la Fiscalía, etcétera, es en la propia institución presidencial, entre los gobernadores y alcaldes, en el Tribunal Supremo, en la Fuerza Armada Nacional, en nuevos actores como los estudiantes, los periodistas, los profesores universitarios, las mujeres organizadas y en general los movimientos comunitarios y de desarrollo social, en las organizaciones de la sociedad civil, sin excluir a los nuevos dirigentes y partidos políticos, donde aún se haya presente la última línea de defensa de la democracia, amenazada por los extremismos, las improvisaciones, el diálogo de sordos, la apatía y la pérdida de fé en las múltiples capacidades creativas, laboriosas y librepensadoras de los venezolanos.

 

Lo peor que le puede suceder a una democracia es que la gente se acostumbre a no participar y a no votar. Salgamos ahora a debatir y después a votar.

 

Tenemos un gobierno, que es saludable se entrene como oposición, y necesitamos a la vez una alternativa al mismo que convenza y demuestre estar preparada para gobernar. Ambos se beneficiarían de contar con un marco constitucional a la medida de los venezolanos y no del gobierno de turno: una auténtica ley de leyes.

 

GFCH

 

 

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