Conmemoración del encuentro euro-americano

Situación y derechos de las comunidades indígenas

 

Discurso y documento abierto a todos los participantes del Congreso anual de la Internacional Liberal y Progresista, celebrado del 5 al 8 de septiembre de 1991 en Luzerna (Suiza). Este trabajo constituyó un proyecto de tesis y resolución.

 

 

Tomado de: Debate Abierto, Revista de Ciencias Sociales, No. 5. Verano 1991. España.

 

Introducción: El tema indígena

“Quien suscribe al pie esta ponencia tuvo el honor, hace varios años, de contribuir decisivamente a la creación y desarrollo de FUNDAMAZONAS (Fundación para el Desarrollo Integral del Territorio Federal Amazonas), una iniciativa civil venezolana de carácter privado. Desde sus comienzos, la institución hizo del servicio al recurso humano habitante de aquellos selváticos y hermosos parajes nuestros la razón de ser y objetivo primordial de su existencia.

En mi calidad de primer director de FUNDAMAZONAS, y con el decidido apoyo de Nueva Generación Democrática, tuve la experiencia incomparable de compartir, por espacio de veinticuatro meses, la riqueza vital de diferentes etnias naturales del Territorio Federal Amazonas, principalmente guahibos, piaroas, yanomamis, maquiritares… Quiero decir, no sin legítimo orgullo, que muchísimos conocimientos he adquirido de aquellas mujeres y hombres venezolanos de muy rancias estirpes, que se precian de ser más venezolanos que nosotros, puesto que sus cepas se encuentran en nuestras tierras desde mucho tiempo antes que las nuestras. Y, entre los principales, directamente he tomado conocimiento acerca de sus anhelos, capacidades y productividad, recursos, esperanzas y sueños; y sobre el tipo de aspiraciones prevalecientes entre ellos con relación al modelo o estilo de desarrollo en cuya promoción desearían participar activamente y del cual querrían disfrutar. Quiero dejar en claro que mis conocimientos acerca del tema indígena no han sido adquiridos precisamente sentado en el banco de un salón de clases de antropología, sin que esto signifique de modo alguno desmerecimiento para esa augusta ciencia o para sus no menos augustos cultivadores.

Quiero expresar que hablo principalmente como presidente de la única organización política venezolana –Nueva Generación Democrática– que ha llevado al Congreso de la República, sin condiciones ni restricciones, a un auténtico y legítimo representante de los grupos étnicos autóctonos de Venezuela; y no por manipulaciones o demagogia. Lo ha hecho en primer lugar por las excepcionales cualidades personales del ahora Diputado por el Estado Zulia Domingo González, estudioso profundo del Derecho, la antropología y el trabajo social; y, en segundo lugar, por sus aquilatadas credenciales en la lucha por el mejoramiento de las condiciones y bienestar de los de su noble raza guajira y demás grupos étnicos en general. Y hablo también en mi calidad de vicepresidente de la Comisión de Integración y Cooperación Política del Parlamento Amazónico.

En el presente año vivimos la antesala de una muy importante conmemoración: nos acercamos a la fecha en que, en una y otra orilla del Atlántico, celebraremos digna y solemnemente, sin presunciones, resentimientos ni complejos, los quinientos años de ese magno acaecimiento, el encuentro de las culturas europeas con las culturas americanas. Se cumplirá próximamente el quinto centenario de aquella fecha, trascendental como la que más, fundacional, fecha que registra un acontecimiento preñado de enormes consecuencias civilizatorias para todos nuestros países, europeos y americanos.

Hoy estamos reunidos en este Congreso, cuyo tema central es el debate sobre las condiciones en que viven y los derechos que asisten a las minorías poblacionales; me parece oportuno entonces plantear aquí algunas ideas –inspiradas en la doctrina de la mayoría de nuestros partidos y grupos políticos- que deseo dejar a la consideración de los ilustres participantes, acerca del tema indígena, del cual me he venido preocupando y ocupando en mi vida política. Desde ahora agradezco la amable gentileza de esta concurrencia para conocerlas y evaluarlas.

 

Libertad de Elección

¿Por qué somos liberales? ¿Qué cosa es el liberalismo? Creo que todos estaríamos de acuerdo en afirmar que somos liberales porque defendemos la libertad de la persona humana en primer lugar, siendo la libertad el valor que figura en el más alto puesto de la escala de valores éticos y políticos que el liberalismo aprecia y estima. E igualmente me parece que estaríamos de acuerdo en que la libertad es, antes que nada, libertad de escoger: la facultad de decidir entre dos o más opciones, facultad que es mayor cuanto mayor sea el rango de opciones disponibles y menor la cantidad de restricciones planteadas a la elección.

Sin que esto implique que no reconocemos otros valores éticos y políticos diferentes del de la libertad –como, por ejemplo, la paz, el orden o la justicia-, los liberales acostumbramos a relacionar los demás valores políticos con este principalísimo de la libertad. Así es como, por ejemplo, si los liberales mantenemos el principio del imperio de la ley, es porque sabemos que en otras condiciones el ejercicio de la libertad sería puramente ilusorio, dado que ésta se encontraría por completo sometida a la brutalidad, al capricho o al derecho del más fuerte. Y si los liberales valorizamos el bienestar es precisamente porque la pobreza representa una radical y violenta disminución en el rango de opciones disponibles a la vida humana y, como tal, un insufrible empobrecimiento en su calidad y en la dignidad que le corresponde.

 

La opción cultural

Lo fundamental que los liberales debemos reclamar para con los indígenas y minorías poblacionales en general es respeto a su libertad de opción. Y lo propio para cualquier minoría étnica en cualquier país, en cualquier continente del mundo, que deba convivir en un estado en el cual la población, en su grueso o mayoría, posea otras características etnográficas, etnoculturales o lingüísticas. En Nueva Generación Democrática, es éste un aceptado principio de carácter general.

Sabemos perfectamente que los indígenas pertenecen a unas culturas específicas, con sus valores y sus modalidades igualmente específicas en lo que se refiere a creencias y maneras de vivir o comportamientos. Sabemos además que la pertenencia a esas culturas –aunada a la pobreza crítica- les plantea problemas también específicos en sus relaciones económicas y no económicas con el resto de la población, frente a la cual sufren injustamente de ciertas desventajas de hecho. Sabemos que a ellos más que a nadie afecta la pobreza y sus secuelas, y para ellos es más urgente salir, aunque sea en parte, de la situación de subdesarrollo que afecta a nuestras sociedades en general. Y sabemos, por último, que muchos de ellos desean preservar a todo trance muchos o la totalidad de los rasgos culturales que le son propios en cuanto a percepción de la vida y pautas de comportamiento, deseo éste que todos nosotros nos apresuramos a considerar perfectamente respetable, legítimo y hasta encomiable.

Precisamente en el tema de la preservación de las modalidades culturales es donde deseo centrar mi exposición: deseo establecer a manera de tesis el derecho de las comunidades indígenas a esa preservación, pero como derecho a una libre opción personal, que les asiste a los indígenas directamente, no a ningún otro sector que pretenda hablar en su nombre, y mucho menos que pretenda escoger en su nombre. En consecuencia, asimismo deseo expresamente rechazar, por iliberal, autoritaria e injustamente discriminatoria, la tesis contraria –esgrimida con frecuencia en algunos medios académicos o influenciados por éstos-, que, en nombre de un pretendido derecho a la preservación cultural quiere, en el mejor de los casos, hacer una elección ajena y, en el peor, someter a las comunidades indígenas a unas especies de invernaderos o guetos, económicos o culturales, sin permitirles elegir por ningún grado de cambio o intercambio en su manera de pensar o en sus pautas de comportamiento o de relación.

Considero que ésta es además una tesis paternalista, que en el fondo niega, o por lo menos cuestiona, la madurez del indígena para decidir por sí mismo si desea introducir o no algún cambio en su herencia o tradición, o bien la capacidad del indígena para adoptar una decisión suficientemente informada al respecto. Y por esta razón no la comparto. La respeto, pero me opongo a ella intelectual y políticamente en forma activa.

 

Un falso dilema

Hago notar que la opción de la que estamos hablando no es nunca una opción de carácter dicotómico, extremista, como sería el caso entre una “preservación”, de carácter absoluto, y un “asimilación”, de tipo supuestamente también absoluto. Ésa es una falsa opción. Y también una especie de imposición.

Porque, muy por el contrario, estas dos alternativas pueden tomarse solamente como referencias, como dos casos extremos ideales, y extremadamente irrealistas, en medio de los cuales habría que situar toda una inmensa gama de situaciones intermedias, caracterizada cada una de ellas por un tipo específico de cambio o intercambio cultural.

Precisamente, las experiencias empíricas acerca de las cuales disponemos información -tanto para Venezuela como para otros países, como, por ejemplo, el Canadá- nos dicen que, casi siempre que pueden escoger libremente, los indígenas lo hacen en favor de alguna fórmula intermedia, que implique mantenimiento de unas pautas e introducción de otras. Y esto no es casual. ¿Por qué? Pues sencillamente porque, como cualquiera de nosotros, todo ser humano racional, en su lugar, trataría de escoger “lo mejor de ambos mundos” y, en consecuencia, dejar de lado aquello que le parece que es lo peor, o que no es lo mejor, de uno u otro. Para decirlo con una expresión anglosajona, cualquier persona en situación similar o comparable, trataría de establecer un trade-off, es decir, un intercambio equilibrado o balanceado, sopesando los costos y los beneficios de cada cosa que puede decidir tomar o dejar. Como cualquier persona, el indígena trata de buscar alguna fórmula que congenie las ventajas de su cultura heredada con las ventajas de las culturas circundantes, con cuidado de que los elementos sean compatibles. Ni más, ni menos.

Y las diferentes comunidades indígenas, y a veces las diferentes familias y hasta las distintas personas, suelen escoger fórmulas diferentes, y combinadas distintamente y con elementos diversos, según las particulares preferencias de cada quien. Personalmente he tenido oportunidad de ser testigo de actividades –económicas y no económicas-, provenientes de distintas fuentes o matrices culturales, que revelaban un muy delicado balance entre las posibilidades y alternativas existentes, las restricciones o limitaciones que las afectaban dada una particular situación, y los gustos e inclinaciones personales de cada individuo. Por esta razón debemos considerar este tipo de elecciones u opciones como personales e intransferibles. No reconocemos absolutamente a nadie -por ejemplo, al Estado o a alguna comunidad religiosa fanática, mucho menos a bandas terroristas, de abusivos explotadores o de simples delincuentes- el derecho a subrogarse y a decidir por los indígenas o miembros de minorías poblacionales.

En definitiva, estamos proponiendo para el indígena el mismo derecho de que goza cualquiera de nosotros, cuando se enfrenta a una pauta cultural heredada de nuestros ancestros. ¿Qué es lo que hacemos nosotros cuando nos enfrentamos a una tradición? Pues sencillamente un juicio, una decisión que entraña elección y opción, entre conservar o alterar esa pauta. Decidimos conservarla si nos parece valiosa, beneficiosa o útil para nuestra vida o la de los nuestros, y decidimos alterarla o mudarla en caso contrario. Ninguno de nosotros mantiene porque sí las normas, reglas, percepciones o estilos de conducta adquiridos de nuestros mayores y por ellos legados, si no es considerando que merecen conservarse y ser preservados, porque de otro modo los cambiamos, y a ese proceso de mantenimiento y cambio selectivo lo llamamos evolución.

Pues bien, si nosotros tenemos derecho a escoger y, en consecuencia, derecho al cambio y evolución culturales, derechos que ejercemos y practicamos todos los días, aún inconscientemente, ¿por cuáles razones vamos a negarlo a los indígenas o a cualquier otra minoría poblacional? En suma, los indígenas tienen el derecho a escoger mantener intacta su integridad cultural. Pero tienen derecho a escoger, si así lo desean, participar –en el grado que deseen- de la vida económica y cultural del país con el resto de sus conciudadanos.

 

El gueto subsidiado

Muchos de quienes sustentan la teoría que critico –todos ellos, presumo, de buena fe- mantienen que las comunidades indígenas deben ser preservadas de todo cambio cultural. Es como si se desease mantenerlas incontaminadas “a salvo de cualquier intromisión”, como pudieran serlo el comercio, o la actividad industrial o agrícola en gran escala. Se trata de un gravísimo error, tal vez proveniente de una valorización extremadamente negativa y pesimista acerca de muchas de las condiciones de la vida moderna, en particular de la sociedad mercantil o del mercado. Los defensores de esta teoría, en consecuencia, propician unos “regímenes especiales” que, al ser obligados a describir, al final de cuentas siempre terminan planteando una situación como de invernadero o gueto, cultural o económico, extremadamente sobreprotegido, y total o casi totalmente subsidiado por el Estado.

Esto significa, digámoslo de una vez, que se introduce una odiosa discriminación entre dos tipos de ciudadanos: se juzga a los indígenas algo así como incapacitados permanentes, necesitados de la perenne tutela estatal, y se considera a los demás ciudadanos contribuyentes. Aclaremos que esto no implica desconocer que el Estado tiene, eso sí, una función, misión o deber indeclinable: contribuir activamente a promover las condiciones que aumenten aún más el rango de las opciones disponibles a las minorías autóctonas y el volumen de información disponible por parte de las mismas, y a que disminuyan las restricciones que la limitan. Es decir, que el Estado debe promover activamente todas aquellas condiciones que hagan más informada y más libre la elección.

 

Libertad frente a los abusos y manipulaciones

Pero no es del Estado exclusivamente del que provienen los peligros que amenazan contradecir –o restringir sustantivamente- las libertades de opción de los miembros de las diferentes comunidades de indígenas. Lamentablemente, hay demasiadas otras fuentes. Deseo mencionar nada más que cuatro de ellas, como última parte de mi exposición: las que me parecen requerir ser tratadas con mayor urgencia. Y deseo dejar constancia de la obligación inexcusable e irrenunciable que compete al Estado, en cada uno de los cuatro casos, de preservar y proteger, por todos los medios posibles a su alcance, las libertades de opción de las cuales hablo, con celo y cuidado extremados.

La primera es la catequización compulsiva, venga del credo de donde viniera. La libertad religiosa es una libertad ampliamente reconocida por suficientes Iglesias, cristianas y no cristianas –y principio de nuestro ideario político-, para que pueda ponerse en duda lo que como libertad significa. Para quienes somos creyentes, es de las principales libertades, si no la primera de todas ellas, de la cual derivan algunas otras, como las libertades de pensamiento y expresión, no menos fundamentales incluso para los no creyentes. Y la libertad religiosa implica el derecho que cada persona tiene a escoger una fe y/o una práctica religiosa, sin que sea obligado o compulsivamente inclinado mediante el engaño, la coacción, la extorsión, el fraude o la violencia. Pensamos que este derecho que a todos se nos reconoce no debe negárseles a las minorías indígenas.

La segunda fuente se encuentra en los grupos terroristas, que afectan grave y muy severamente la estabilidad democrática –y aún civilizatoria- de muchos de nuestros países latinoamericanos. Como muy bien los retratara el escritor Mario Vargas Llosa, estos fanáticos “iluminados” de la violencia más extrema y salvaje se basan en una doctrina política vaga y confusamente “indigenista”. Ocurre que, una vez fracasadas en Latinoamérica las guerrillas campesinas en los sesenta y las urbanas en los setenta, más tarde pensaron los ideólogos del crimen y la barbarie que de esta otra forma podrían utilizar instrumentalmente a las minorías indígenas para sus torvos propósitos políticos. Es evidente que este reclutamiento, realizado por la amenaza de la fuerza y la violencia las más de las veces, no cuenta con el consentimiento de los propios interesados, a quienes se supone que los guerrilleros van a “liberar”: una enorme cantidad de indígenas torturados y masacrados por supuestos delitos de delación, deserción y traición, así lo atestigua dolorosa pero firmemente.

La tercera fuente de abusos contra los indígenas y sus libertades podemos encontrarla en las empresas y microempresas mineras, tanto en las legales como en las semilegales o francamente ilegales. Algunas de ellas, por no decir la mayoría, actúan de una manera absolutamente irresponsable, por decir lo menos. No contentas con aprovecharse de la ignorancia y debilidad de muchas de las comunidades indígenas, contratando –si es que se puede emplear ese término- mano de obra en condiciones lindantes con la servidumbre o la esclavitud, no tienen tampoco el más mínimo reparo en cuanto a sus relaciones con el ambiente, o a las condiciones sanitarias en medio de las cuales llevan a cabo su labor. Ni se preocupan por adquirir tecnologías de baja contaminación, ni por reparar los daños ecológicos en caso de ser éstos reparables, ni por la propagación de incontables enfermedades.

La cuarta y deleznable fuente de atentados contra los indígenas está constituida por el narcotráfico: poderosas bandas de plantadores, procesadores, distribuidores y sicarios se sirven todos los días de los indígenas como mano de obra reducida –insisto- a la esclavitud o servidumbre, mediante una combinación de violencia y engaño, en la cual no puede observarse claramente dónde comienza y termina la una y el otro. En Nueva Generación Democrática tenemos una larga tradición en materia de lucha antidrogas, y hemos hecho de ella una de sus políticas distintivas, pasando de la palabra a la acción inmediatamente, sosteniendo diversos programas y proposiciones de prevención y tratamiento, como asimismo de lucha frontal contra el tráfico ilegal de estupefacientes y narcóticos. De manera que no estamos sino extendiendo nuestra faena al querido y muy sentido caso de los indígenas.

 *****

Desde Venezuela, cuna que fuera del bravo e histórico cacique Guaicaipuro, noble pensador y dirigente indígena, país que asumen la triple condición geográfica de ser caribeño, andino y amazónico a la misma vez, puerta de entrada al continente latinoamericano, queremos convocarles a todos ustedes para sumar voluntades y cooperaciones en pro de las comunidades autóctonas de todo el continente americano, desde Alaska hasta Tierra de Fuego. Sometemos formalmente a consideración la siguiente

 

Propuesta de Declaración

 

Los líderes y representantes de las organizaciones políticas liberales y progresistas del mundo, congregados en Luzerna (Suiza) con el  propósito de discutir la problemática de las minorías poblacionales, justamente en el año 1991, que precede a la solemne Celebración del Quinto Centenario del primer encuentro de la culturas del Viejo y del por entonces Nuevo Mundo, el continente americano, hecho histórico que señala, como hito divisorio, el nacimiento de una nueva era en la Historia de la Humanidad. Era que ha sido caracterizada por la expansión o ampliación –aparte de profundización- de los principios de los derechos humanos, autodeterminación de los pueblos, independencia, soberanía, libertad y democracia, así como de otros que han significado jalones indiscutibles y señeros de progreso y avance en el nunca acabado proceso civilizatorio de nuestra Humanidad.

 

Considerando:

Que los indígenas no son ni deben ser ciudadanos de segunda clase, ni menos aptos ni menos capaces o facultados que el resto de los conciudadanos;

Que pertenecen a unas culturas específicas, con sus propios y particulares rasgos y características distintivas;

Que es derecho inalienable, intransferible e imprescriptible el de los indígenas el mantener, conservar o preservar como deseen todos, la mayoría o algunos de tales rasgos y características;

Que ni el Estado ni organización o grupo alguno tiene derecho de violentar de manera alguna, ni física ni psicológicamente, las libertades de elección de los miembros de esas comunidades, porque concierne al modo de vida del propio indígena, y la vida es personal e intransferible propiedad individual de cada quien; y,

Que es función y deber de la Internacional Liberal y Progresista defender esa libertad de elección y su amplitud, de cualesquiera factores que pudiesen conculcarla o amenazarla.

 

Convocamos:

A todas las agencias y organizaciones internacionales, gubernamentales y no gubernamentales;

A todos los organismos públicos de los Estados involucrados, como asimismo a todos los grupos civiles y privados en esas mismas naciones, incluyendo las Iglesias y congregaciones religiosas, grupos de voluntariado, culturales, ambientalistas y pacifistas, recreativos y empresariales, sindicales, etc.;

A todas las fuerzas políticas liberales y progresistas, o de otro signo que concuerden con estos postulados:

Para contribuir a proteger al indígena contra toda amenaza actual o potencial a sus libertades culturales, religiosas, políticas y económicas, proveniente de parte de Estado alguno o de organismos no estatales;

En particular, de aquellas amenazas actualmente más severas, representadas por la práctica de la catequización compulsiva e irrespetuosa, la salvaje y represiva subversión terrorista, la ecocida y abusiva explotación de parte de empresas mineras, y el flagelo social y político que constituye el narcotráfico; y,

Para impulsar una decidida acción estatal y privada, destinada al mejoramiento de las condiciones socioeconómicas y educacionales del indígena, y encaminada a incrementar en cuanto sea posible el campo de ejercicio de su inalienable derecho a escoger un modo de vida que a él le parezca preferible al que actualmente tiene”.

 

Germán Febres Ch. / Suiza, 7 de septiembre de 1991.

Explore posts in the same categories: Discursos y documentos

Etiquetas: , , , , ,

You can comment below, or link to this permanent URL from your own site.

One Comment en “Conmemoración del encuentro euro-americano”


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: