Archivo para enero 2011

El profesional de este siglo no puede limitar su preparación a los aspectos técnicos para aplicarlos a situaciones predefinidas

enero 31, 2011

Burgazzi propone una nueva visión de la educación

Debemos enseñar a aprender y emprender

Escrito por Angelo Burgazzi * / angelo@accede.net

Angelo BurgazziEn plena Era del Conocimiento, el sistema educativo sigue operando predominantemente con el modelo de la Era Industrial, cuyo requerimiento principal -mano de obra capacitada- implica la preparación técnica y profesional de empleados para ocupar eficientemente la cantidad de puestos de trabajo de las grandes empresas y fábricas que concentraron la oferta de empleo y dominaron el escenario económico productivo del siglo pasado.

El éxito del sistema educativo en su nivel más alto, el nivel universitario, es medido entonces en la Era Industrial por la “empleabilidad” de sus graduandos. Hay que reconocer que en este sentido en Venezuela se hizo un buen trabajo: nuestros profesionales universitarios son altamente “empleables”, incluso en comparación con profesionales de otras latitudes. El profesional venezolano suele tener altos niveles de “empleabilidad” tanto local, cuando hay trabajo, como en muchos otros países.

Cuando hay trabajo, he allí el detalle. Si el sistema educativo en general, y especialmente las universidades, ponen su foco en la producción de personas que al graduarse irán a buscar trabajo, es importante preguntarnos ¿de dónde salen los puestos de trabajo?

En seguida surgen otras interrogantes: ¿dónde recae la responsabilidad de la creación de nuevos puestos de trabajo? Más aún, ¿cómo se crean nuevos puestos de trabajo en el siglo XXI, en la Era del Conocimiento? Y en relación a la responsabilidad de las universidades, si lo que allí preparamos son empleados, ¿dónde se preparan las personas que crean, o que  contribuyen a la creación de nuevos puestos de trabajo?

La Era del Conocimiento plantea un nuevo contexto social y económico; nos enfrenta a nuevas situaciones, que debemos afrontar con nuevas soluciones. La responsabilidad de la creación de puestos de trabajo no puede recaer en unos pocos, grandes empresarios industriales, nacionales o transnacionales, o en un omnipotente estado que planifica y controla de forma centralizada.

Las organizaciones intensivas en conocimiento son organizaciones en red, flexibles, dinámicas, que no necesitan ser grandes para operar a nivel global. Agrupan nodos funcionales con propósitos y servicios bien definidos. Los colaboradores conectados en organizaciones en red, prestan sus servicios a la red y a la vez son servidos por ella, de forma interdependiente. Y, en red, sirven a sus clientes. Los miembros de estas organizaciones son los profesionales de la Era del Conocimiento, nativos o migrantes digitales, que además de la preparación técnica pertinente, han desarrollado competencias claves de autodesarrollo, de trabajo en equipo, de innovación, de emprendimiento.

De esta forma, la creación de puestos de trabajo es responsabilidad capilar, descentralizada, de pequeños equipos, casi individual, pero con altísimo nivel de interrelación, y con actitud emprendedora. Con los mercados globales accesibles, el pequeño productor trasciende el pequeño mercado local.

Es claro entonces, que el profesional de este siglo no puede limitar su preparación a los aspectos técnicos para aplicarlos a situaciones predefinidas, en organizaciones jerárquicas, estáticas, que operan con procedimientos establecidos, que emplean profesionales y los organizan en cadenas de producción, en departamentos, a manera de la era industrial. Estas formas de producción están en su ocaso.

El reto de transformación de nuestro sistema educativo es el de preparar a los profesionales que trabajarán y vivirán en el nuevo contexto de la Era del Conocimiento. Profesionales que se hacen cargo de sí mismos. Que no necesitan de supervisión jerárquica para ser responsables, que comprenden lo que hacen, que alinean su propósito personal con el de su equipo de trabajo, con el de su organización en red. Más que ocupar un puesto de trabajo, tienen como objetivo crecer y desarrollarse, agregando valor. Son capaces de trabajar en equipos multiculturales, distribuidos por el mundo. Ellos mismos son ciudadanos del mundo. Aprenden continuamente porque aprendieron a aprender. Respetan al que sabe, aprenden de él, y son generosos al enseñar. Son responsables, siguen las normas, las cuestionan y las cambian cuando quedan obsoletas. Proponen nuevas y mejores formas para hacer las cosas. Buscan la excelencia. Saben que lo único constante es el cambio. Se desarrollan y crecen, como es natural, continuamente.

El sistema educativo, en todos sus niveles, debe afrontar este reto sin demora. En todas las especialidades universitarias y a lo largo de cada carrera, los estudiantes deben poder desarrollar las competencias de innovación y emprendimiento. La universidad debe mover el foco de entregar conocimiento y ponerlo en enseñar a aprender. 

Los estudiantes deben tener experiencias tempranas de interdependencia multidisciplinaria, no sólo con programas de intercambio. Y de creación guiada de iniciativas de emprendimiento, no sólo de pasantías y tesis.

Los graduados de nuestras universidades, los profesionales de hoy y de mañana tenemos la responsabilidad de la creación de valor, alineando nuestros propósitos personales con el de nuestro equipo, Venezuela, para emprender la creación del país que queremos.

(*) El autor es emprendedor, especialista en tecnología de información, fundador y director de ACCEDE Espacio de Emprendimiento y de la organización DBAccess.

Fuentes: EL MUNDO, Economía y Negocios, e Informe21.com

Nota de la redacción: Recomendamos ampliamente la atención y circulación que pueda brindarse a este artículo. Impulsa una visión innovadora y pertinente sobre la educación que es prudente impartir en el futuro inmediato. GFCH.

 

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Emprender más allá de los conflictos y por sobre las dificultades

enero 13, 2011

2011: Emprendemos o perdemos

EmprendedoresEl emprendimiento al igual que la innovación no es algo abstracto, demasiado complejo, distante ni excepcionalmente difícil de alcanzar. Al contrario, es algo que vemos o tropezamos a cada rato, que celebramos o felicitamos, muchas veces sin formar parte del mismo, sin percatarnos de que todos podemos –y más aún: debemos– de alguna manera ser emprendedores.

De hecho, en los tiempos que corren, caracterizados por dificultades económicas, condiciones cambiantes, significativo desempleo y alta preocupación por la salud de la Tierra, el emprendimiento innovador y responsable es una imperiosa necesidad. Es clave para ganar.

Revisemos el concepto y sus implicaciones. En una conferencia dictada recientemente (noviembre 2010), en la Universidad Panamericana de México, referida al emprendimiento social como precursor del nuevo paradigma de mercado, Pamela Hartigan, directora de la Fundación Schwab, explicó sin desperdicio que “el emprendimiento social consiste en poner en marcha un enfoque innovador, pragmático, sustentable y transformador para revertir el desequilibrio social, ambiental y económico”.

Los emprendedores sociales –expresó Hartigan–, crean organizaciones innovadoras que con frecuencia se asemejan en su quehacer a un negocio (…) pueden estar constituidas como organizaciones con ánimo de lucro, pero su verdadero objetivo es la creación de valor social.

Entonces, ¿cual es la diferencia entre un emprendedor comercial y un emprendedor social?

Ambos están impulsados por una oportunidad percibida que persiguen incansablemente. Ninguno de los dos tiene como motivo principal el dinero, es el desafío lo que los atrae. Pero para el emprendedor comercial, desde el inicio de su actividad, la oportunidad percibida recae en crear un nuevo o mejor producto o servicio con la expectativa de que habrá mercado para ello, generando ganancias financieras para el emprendedor y sus inversionistas.

“En comparación, el emprendedor social tiene como objetivo dirigirse a las fallas de gobiernos y de mercados. Trabaja con aquellas poblaciones o sectores que los gobiernos no han sido capaces de alcanzar efectivamente. Por otro lado, se dirige a corregir las faltas del mercado donde las compañías no operan –porque los riesgos son muy altos y las recompensas económicas muy bajas– pasando así por alto a millones de consumidores y proveedores potenciales. Es en ese vacío donde los emprendedores sociales desarrollan su acción. De este modo, están reorganizando el sistema para construir sociedades sostenibles, y en muchas instancias, abriendo mercado”.

Por su parte, el escritor Paulo Coelho, destaca en un artículo, citando también a Pamela Hartigan, autora de la investigación, una lista de diez puntos comunes entre las personas que, insatisfechas con el mundo que las rodeaba, decidieron crear su propio trabajo –“buscar su sueño”– y añade: Pienso que la lista de Pamela va más allá de la iniciativa social (…) y puede ser aplicada a muchas cosas que hacemos en nuestra vida diaria.

Impaciencia: Quien busca su sueño no se queda esperando a que las cosas sucedan; ve los problemas de ayer como las oportunidades de hoy. Por causa de su impaciencia, es frecuentemente obligado a cambiar de rumbo, pero es esa adaptación la que lo hace madurar.

Conciencia: Sabe que no está solo en este mundo, y cada gesto suyo tiene una consecuencia. El trabajo que está haciendo puede transformar el ambiente que le rodea. Al comprender este poder, él pasa a ser un elemento activo de la sociedad y eso le reconcilia con la vida.

Innovación: Quien busca su sueño cree que todo puede ser diferente de cómo es, pero para ello necesita encontrar un camino que aún no fue recorrido. Aunque esté siempre rodeado de la vieja burocracia, de los comentarios ajenos y de las dificultades (…) descubre las maneras de hacerse escuchar.

Pragmatismo: No se queda esperando los recursos ideales para comenzar su trabajo; se remanga (…) la camisa y (…) manos a la obra.

Aprendizaje: Es generalmente alguien que tiene un gran interés en una determinada área, y cuya observación detallada hace que encuentre nuevas soluciones para problemas antiguos. Pero este aprendizaje sólo puede ser alcanzado a través de la práctica y de la constante renovación.

Seducción: Nadie consigue sobrevivir aislado en un mundo competitivo; consciente de eso, quien busca su sueño consigue hacer que otras personas se interesen por sus ideas. Y esas personas se interesan porque saben que están delante de algo creativo, comprometido con la sociedad y que, además, podría resultar lucrativo económicamente.

Flexibilidad: Tiene una idea en la cabeza, y un plan para transformarla en realidad. Sin embargo, a medida que avanza, se va dando cuenta de que tiene que adaptarse a las realidades del mundo que le rodea, y es a partir de ahí que su responsabilidad social pasa a ser un factor importante en la transformación.

Obstinación: Puede ser flexible en su camino, pero está al mismo tiempo concentrado en su objetivo. Por causa de sus ideas innovadoras y por estar siempre moviéndose en terreno desconocido, jamás dice “lo probé, pero no dio resultado”. Al contrario, siempre busca todas las alternativas posibles y gracias a eso los resultados terminan apareciendo.

Alegría: Pasa por momentos difíciles pero está contento con lo que hace. Sus eventuales confusiones y errores nada tienen que ver con su incapacidad, y es capaz de sonreír cuando da un paso en falso porque sabe que podrá corregir su movimiento más adelante.

Contagio: Tiene la capacidad única de hacer que las personas que le rodean perciban que vale la pena seguir su ejemplo y hacer lo mismo. Por ese motivo jamás se sentirá solo, incluso si de vez en cuando se siente incomprendido.

Para finalizar esta entrega, yo agrego estar convencido que son múltiples las ideas que han transformado el mundo para bien, y muchas las que han mejorado y brindado sostenibilidad a superiores condiciones de vida particulares y colectivas, cuando esos conceptos fueron llevados a la práctica por personas que decidieron emprender más allá de los conflictos y por sobre las dificultades.

Caracas, enero de 2011.

Germán Febres Ch.