Archivo para agosto 2014

Pedro J. Torres: No debemos convertir el comer sano en una manía u obsesión

agosto 24, 2014

El presidente de la Fundación Torres-Picón invita a identificarnos en materia de alimentación sana “con la posibilidad de comer prácticamente de todo, pero sin exagerar las cantidades o la frecuencia de algún comestible en particular”; a preferir “el sentido de equilibrio, el concepto de buena alimentación, la noción de alimentación balanceada”. Consideramos oportuno compartir esta nueva información sobre “ortorexia”, dado que los extremismos y obsesiones también pueden tener la capacidad de generar otros o similares problemas de salud, y esa no es la idea, agregó.

El chef Roel Rabouchon junto a Pedro Torres Ciliberto, vocero de la Fundación Torres-Picón.

El chef Roel Rabouchon junto a Pedro J. Torres, vocero de la Fundación Torres-Picón.

Se ha comenzado a hablar de “ortorexia”, un trastorno alimenticio que según el doctor estadounidense Steven Bratman consiste en una “obsesión patológica con alimentarse en forma saludable, que incluso podría llevar a una desnutrición severa y hasta la muerte. Desde la Fundación Torres-Picón, que trabaja en prevención de la obesidad infantil, hemos venido insistiendo en la conveniencia obvia, basada en evidencia científica y en las opiniones o recomendaciones de investigadores y expertos, de que una alimentación compuesta por la ingesta de alimentos sanos en proporciones adecuadas, hidratarnos con agua potable y combinar dichos hábitos con ejercicio físico son claves en el control de esta enfermedad, así como en la prevención de otras relacionadas, que afectan con severidad -por ejemplo- el sistema cardiovascular.

Pero igualmente, consideramos oportuno compartir esta nueva información, dado que los extremismos y obsesiones también son capaces de generar otros problemas de salud.

Quienes padecen la ortorexia  evitan a toda costa la comida que ellos estiman que contiene algún ingrediente que pueda hacer daño, como grasas, azúcar, sal, conservantes, colorantes artificiales, etcétera.

Según una nota publicada en el diario español El País, los más expuestos a padecer este trastorno “obsesivo-compulsivo” son personas que acostumbran estar demasiado preocupadas por los componentes de cada alimento y que creen fehacientemente que casi todos son una especie de “veneno” para nuestro organismo.

Según el doctor Bratman -quien fue el primero en acuñar el término ortorexia- “la desnutrición es común entre los seguidores de las dietas de comida saludable”.

Para Rubén Bravo, experto en Nutrición del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) de España, “a veces, entre el esfuerzo por comer sano y la obsesión por los alimentos (de este tipo) hay sólo un paso de distancia. Desde el punto de vista médico hablamos de una clase de trastorno obsesivo que lleva al extremo la idea de una alimentación sana. La persona que padece ortorexia desarrolla un control exhaustivo y cada vez más estricto de los compontes de los alimentos, procura ingerir solo comida orgánica, vegetal, no tratada con fertilizantes, sin conservantes, ni grasas saturadas”.

Según los especialistas, la ortorexia no es muy distinta a la anorexia o la bulimia, la diferencia es que mientras en las mencionadas en segundo y tercer lugar la persona se obsesiona con la cantidad de comida que ingiere, en la primera el paciente se preocupa exageradamente por la calidad de la misma.

Sobre la ortorexia, otro medio de comunicación social, el diario El Economista, ha publicado que la Organización Mundial de la Salud (OMS) afirma que el 28% de la población occidental sufre este trastorno, afectando principalmente a mujeres y adolescentes. “Las alarmas se deben disparar cuando alguien dedica más de tres horas a organizar su menú, cuando busca cualquier excusa para no comer fuera, hasta el punto de minimizar sus relaciones sociales e, incluso, cuando cuenta cuántas veces mastica cada bocado”, indicó Rubén Bravo.

“Estos pacientes suelen presentar un déficit de grasa, hipotensión y problemas cardiovasculares. Desde el punto de vista psicológico, alternan estados de euforia con otros de ansiedad. Y experimentan una falsa autoestima, basada en un sentimiento de superioridad basado en la idea de que su modo de vida es mejor que el del resto”, añadió este experto.

Sin lugar a dudas se trata de algo muy revelador, que confirma que no es del todo positivo mudarse de un extremo a otro, señala Pedro J. Torres. “Por eso nos identificamos en materia de alimentación sana con la posibilidad de comer de todo, pero sin exagerar las cantidades o la frecuencia de algún comestible en particular. Preferimos el sentido de equilibrio, el concepto de buena alimentación, la noción de alimentación balanceada. Nos parece lo correcto” precisó el fundador y vocero de la Fundación Torres-Picón.

Los extremismos y obsesiones también pueden tener la capacidad de generar otros o similares problemas de salud, y esa no es la idea. Seguir una dieta o cumplir un régimen de alimentación sana con perseverancia y compromiso no es lo mismo que exagerar. No debemos convertir el comer sano en una manía.

Se ha comenzado a hablar de “ortorexia”, un trastorno alimenticio que según el doctor estadounidense Steven Bratman consiste en una “obsesión patológica con alimentarse en forma saludable, que incluso podría llevar a una desnutrición severa y hasta la muerte.

Desde la Fundación Torres-Picón, que trabaja en prevención de la obesidad infantil, hemos venido insistiendo en la conveniencia obvia, basada en evidencia científica y en las opiniones o recomendaciones de investigadores y expertos, de que una alimentación compuesta por la ingesta de alimentos sanos en proporciones adecuadas, hidratarnos con agua potable y combinar dichos hábitos con ejercicio físico son claves en el control de esta enfermedad, así como en la prevención de otras relacionadas, que afectan con severidad -por ejemplo- el sistema cardiovascular.

Pero igualmente, consideramos oportuno compartir esta nueva información, dado que los extremismos y obsesiones también son capaces de generar otros problemas de salud.

Quienes padecen la ortorexia  evitan a toda costa la comida que ellos estiman que contiene algún ingrediente que pueda hacer daño, como grasas, azúcar, sal, conservantes, colorantes artificiales, etcétera.

Según una nota publicada en el diario español El País, los más expuestos a padecer este trastorno “obsesivo-compulsivo” son personas que acostumbran estar demasiado preocupadas por los componentes de cada alimento y que creen fehacientemente que casi todos son una especie de “veneno” para nuestro organismo.

Según el doctor Bratman -quien fue el primero en acuñar el término ortorexia- “la desnutrición es común entre los seguidores de las dietas de comida saludable”.

Para Rubén Bravo, experto en Nutrición del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) de España, “a veces, entre el esfuerzo por comer sano y la obsesión por los alimentos (de este tipo) hay sólo un paso de distancia. Desde el punto de vista médico hablamos de una clase de trastorno obsesivo que lleva al extremo la idea de una alimentación sana. La persona que padece ortorexia desarrolla un control exhaustivo y cada vez más estricto de los compontes de los alimentos, procura ingerir solo comida orgánica, vegetal, no tratada con fertilizantes, sin conservantes, ni grasas saturadas”.

Según los especialistas, la ortorexia no es muy distinta a la anorexia o la bulimia, la diferencia es que mientras en las mencionadas en segundo y tercer lugar la persona se obsesiona con la cantidad de comida que ingiere, en la primera el paciente se preocupa exageradamente por la calidad de la misma.

Sobre la ortorexia, otro medio de comunicación social, el diario El Economista, ha publicado que la Organización Mundial de la Salud (OMS) afirma que el 28% de la población occidental sufre este trastorno, afectando principalmente a mujeres y adolescentes. “Las alarmas se deben disparar cuando alguien dedica más de tres horas a organizar su menú, cuando busca cualquier excusa para no comer fuera, hasta el punto de minimizar sus relaciones sociales e, incluso, cuando cuenta cuántas veces mastica cada bocado”, indicó Rubén Bravo.

“Estos pacientes suelen presentar un déficit de grasa, hipotensión y problemas cardiovasculares. Desde el punto de vista psicológico, alternan estados de euforia con otros de ansiedad. Y experimentan una falsa autoestima, basada en un sentimiento de superioridad basado en la idea de que su modo de vida es mejor que el del resto”, añadió este experto.

Sin lugar a dudas se trata de algo muy revelador, que confirma que no es del todo positivo mudarse de un extremo a otro, señala Pedro J. Torres. “Por eso nos identificamos en materia de alimentación sana con la posibilidad de comer de todo, pero sin exagerar las cantidades o la frecuencia de algún comestible en particular. Preferimos el sentido de equilibrio, el concepto de buena alimentación, la noción de alimentación balanceada. Nos parece lo correcto” precisó el fundador y vocero de la Fundación Torres-Picón.

Los extremismos y obsesiones también pueden tener la capacidad de generar otros o similares problemas de salud, y esa no es la idea. Seguir una dieta o cumplir un régimen de alimentación sana con perseverancia y compromiso no es lo mismo que exagerar. No debemos convertir el comer sano en una manía.

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Pedro J. Torres: ¿Existe un gen de la obesidad que incrementa la masa corporal?

agosto 23, 2014

La campaña de la Primera Dama de los Estados Unidos en pro del ejercicio físico y el consumo de alimentos y bebidas sanas para impedir la obesidad, especialmente en la población infantil, cuenta con el decisivo apoyo y participación del presidente Barack Obama y el vicepresidente Joe Biden. Pedro J. Torres, vocero de la Fundación Torres-Picón, que ha venido trabajando en prevención de la obesidad infantil, subraya y se muestra optimista “con la posibilidad de disminuir y controlar efectivamente la enfermedad en el mundo, gracias al compromiso y voluntad política que está demostrando el liderazgo internacional”

Pedro Torres Ciliberto comenta información sobre la probabilidad de un gen de la obesidad

Pedro J. Torres comenta información sobre la probabilidad de un gen de la obesidad

La revista Nature ha hecho público un trabajo que revela la implicación de un gen llamado IRX3 en el aumento de la masa corporal de ratones y humanos. Los científicos, entre ellos un chileno que trabaja en un centro de investigación de Sevilla, España, han descubierto que los ratones sin este gen no engordan aunque se alimenten de comida basura. Conocerlo, estudiarlo, probablemente servirá para diseñar nuevos fármacos contra la obesidad y la diabetes, hemos leído en SINC, comenta el vocero y presidente de la Fundación Torres-Picón.

El muy interesante material, explica que “los estudios que indagan en las bases genéticas de la obesidad han señalado a un gen, llamado FTO, como uno de los grandes responsables genéticos de esta enfermedad. Ya se han identificado hasta 75 lugares del genoma implicados en el aumento de la masa corporal, pero un simple cambio de solo uno de los ladrillos básicos que componen el FTO se considera una de las mutaciones más relacionadas con la obesidad. Ahora, una colaboración internacional formada por universidades de EE UU, Canadá y España ha llegado a la conclusión de que hay otro gen ‘culpable’ que parece ser el verdadero gen de la obesidad funcional”.

Dicho de manera técnica, han descubierto que ciertas mutaciones del FTO ligadas a la obesidad realmente no activan la expresión de este gen, sino la de otro situado a mil unidades de distancia, el IRX3. “Nuestros datos sugieren que IRX3 controla la masa corporal y regula la composición del cuerpo”, declara el genetista Marcelo Nóbrega, de la Universidad de Chicago y uno de los autores del estudio; y añade: “Cualquier asociación entre FTO y la obesidad es fruto de la influencia de IRX3”.

Este trabajo multidisciplinario, que se ha publicado en la revista Nature, también revela que los ratones con carencias en este gen son más delgados, con una reducción del 25% al 30% en el peso corporal, debido a la pérdida de grasa blanca y un aumento de la tasa metabólica.

Las regiones no codificantes de un gen, también llamadas intrones, son aquellas que no llevan información sobre la síntesis de proteínas. Algunos de estos intrones no se sabe para qué sirven, pero otros sí: regulan la manera en la que se expresan los genes.

Los científicos observaron en ratones que las mutaciones en los intrones de FTO que se relacionan con la obesidad no afectan a su expresión, sino a la del nuevo gen lejano. “En su lugar, encontramos que el promotor del gen IRX3, un gen a cientos de miles de pares de bases de distancia, estaba relacionado con estos intrones”, explicó el chileno José Luis Gómez-Skarmeta, coautor del estudio y genetista en el Centro Andaluz de Biología del Desarrollo (UPO-CSIC), ubicado en Sevilla.

Para asegurar que había interacción física entre las dos regiones, los investigadores utilizaron una técnica llamada captura de la conformación de la cromatina. Tras estudiar esta relación en ratones, encontraron un patrón similar de interacciones en humanos al analizar los datos del proyecto ENCODE, que se confirmaron con experimentos en células humanas.

Con los datos de 153 muestras cerebrales de personas de ascendencia europea corroboraron los resultados en roedores: el gen FTO en sí solo juega un papel regulador. “Los interruptores que controlan IRX3 están dentro del gen FTO” , dijo Nóbrega.

En total, han corroborado que esta interacción ocurre en humanos, ratones y peces cebra, lo que sugiere que este mecanismo se ha conservado evolutivamente en el genoma.

El siguiente experimento para confirmar el papel de IRX3 en la obesidad consistió en crear ratones que no expresaban este gen para observar su anatomía. Aunque se les alimentara con una dieta alta en grasas, los ratones sin IRX3 mantenían su peso y niveles lipídicos, mientras que los ratones normales sometidos a esa misma dieta engordaban hasta duplicar su masa. “Además, tenían mejor capacidad para captar la glucosa y estaban más protegidos frente la diabetes”, indica Chin-Chung Hui, otro de los autores del estudio y genetista en la Universidad de Toronto.

Además, los investigadores descubrieron que aquellos ratones cuyo gen IRX3 alterado se expresaba en el hipotálamo, zona del cerebro conocida por regular el apetito y el gasto energético, estaban tan delgados como los ratones con deficiencia de IRX3.

(Fuente: SINC. Referencia bibliográficas: Marcelo Nóbrega, Chi-Chung Hui, José Luis Gomez-Skarmeta et al. “Obesity-associated variants within FTO form long-range functional connections with IRX3”. Nature. 2014).

“Como se aprecia, la genética, es un valiosísimo campo de investigación donde está muy presente la preocupación por encontrar respuestas al sobrepeso, a la obesidad y a la diabetes” puntualizó Pedro J. Torres, presidente de la Fundación Torres-Picón. En el caso de la obesidad, enfermedad multifactorial, sobre la cual viene alertando la ONU por vía de la Organización Mundial de la Salud, dadas sus actuales características de epidemia, son alentadores los avances de los mencionados genetistas y en efecto pueden conducir al diseño en el mediano plazo de nuevos fármacos y tratamientos, concluyó.

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