Los gatos, ¿enemigos del ecosistema?

Gatos salvajesNo se la tomen a pecho con su minino, sin leer el contenido completo de esta nota. Quien lo diría, los gatos, esos animalitos que muchas personas tienen en casa, esas mascotas maulladoras que le brindan compañía a tanta gente, ¿son un peligro para el equilibrio ecológico? Cuesta creerlo, pero así es. No se trata, en este caso, de los gatos domésticos que comparten el espacio con sus compañeros humanos, sino de gatos asilvestrados, esto es, gatos que fueron una vez domésticos pero que, al separarse del hombre y regresar a la vida salvaje, recuperan su naturaleza depredadora y se convierten en una amenaza para otras especies, las cuales pasan a ser sus presas, principalmente cuando se encuentran en ambientes que no son su hábitat natural.

Estos gatos salvajes, invasores en islas alrededor del planeta, son los principales causantes de la extinción de especies autóctonas de esas islas; hasta el momento se contabilizan al menos unas treinta y tres especies exterminadas, divididas en veintidós especies de aves, nueve de mamíferos y dos de reptiles, lo que coloca a los gatos salvajes como los causantes del 14% de todas la extinciones de vertebrados registradas por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

En defensa de las especies amenazadas por estos felinos, autoridades ambientales del mundo entero han emprendido una campaña de erradicación de los gatos salvajes, a través del uso de diversos métodos, como trampas, venenos y hasta perros; de esta manera se han eliminado estos animales en unas ochenta y tres islas, entre las que se pueden mencionar Santa Catalina, en México; Baltra, en Ecuador; Trinidad, en Brasil, y los islotes españoles de Lobos y Alegranza, como lo indica el último recuento, realizado en 2011 por la organización neozelandesa Biodiversity Restoration Specialists.

Un estudio de la Universidad del Norte de Illinois, dirigido por la bióloga estadounidense Holly Jones y publicado en la revista científica PNAS, corrobora el éxito de estas medidas al demostrar que la erradicación de especies invasoras, como los gatos, ha protegido alrededor de 236 especies autóctonas en 181 islas en diversas partes del mundo; incluso, cuatro de estas especies amenazadas han visto disminuir considerablemente su riesgo de extinción.

Muestra de este éxito es la preservación en la isla mexicana de Natividad de la pardela culinegra, un ave de gran envergadura endémica de algunas islas del Pacífico mexicano; su recuperación fue posible gracias a la eliminación de los gatos salvajes. “Esta intervención fue importante para que la especie pasara de considerarse vulnerable a casi amenazada en la Lista Roja”, señaló Heath Packard, vocero de la ONG estadounidense Island Conservation, que tomó parte en la investigación. Otro ejemplo es el rabihorcado nativo de la isla británica de Asunción, en el Océano Atlántico, un ave que se encontraba en peligro de extinción, pero que luego de la desaparición de los gatos ha comenzado a repoblar su territorio natural.

No obstante, se plantea un dilema ético: ¿es lícito para el hombre intervenir y recuperar a una especie, valiéndose del exterminio de otra? “Los biólogos de la conservación también somos amantes de los animales. La mayor parte de nosotros hemos dedicado nuestras carreras a proteger la biodiversidad”, manifestó Holly Jones, quien aclaró que tanto para ella como para el resto del equipo lo primordial es evitar la extinción de las especies nativas, aun a costa de la eliminación de las especies invasoras. “También entendemos que aceptar la persistencia de mamíferos invasores en islas es una decisión que permite que las especies nativas sean depredadas y, en algunos casos, llevadas a la extinción”.

Sin embargo, persiste el asunto moral de qué hacer con los gatos invasores; ciertamente, en muchas partes es necesario eliminarlos para preservar las especies nativas, pero hay lugares donde esto es prácticamente imposible, por lo que se puede apelar a otras medidas, como la esterilización. Manuel Nogales, biólogo español y miembro de Grupo de Ecología y Evolución en Islas del CSIC, planteó que existen otras opciones, como la adopción. “En Japón, se llevaron a Tokio a los gatos capturados en la isla de Okinawa, los esterilizaron y los dieron en adopción”, argumentó.

Fuente: Tomado de elespectador.com

 

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