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Propósito de Navidad: No más casas de cartón

diciembre 3, 2013

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En nuestra siempre amada Venezuela, hace bastante, el compositor Alí Primera, desde su trinchera cultural y política, alzó un popular canto rebelde en contra de las casas de cartón. Una de sus estrofas proclamaba ¡Hoy es lo mismo que ayer! El título de la canción era una representación del cartón piedra con el que se autoconstruían muchas viviendas populares en los cerros y otras zonas de alto riesgo topográfico, con servicios precarios o sencillamente inexistentes. Denunciaba con crudeza la miseria.

No pocos políticos populistas de la época se dedicaron a comprar conciencias obsequiando ladrillos, cemento y láminas de latón para sustituir los materiales y supuestamente elevar la calidad.

También hubo planes más serios y superiores de construcción masiva para quienes carecían de recursos y no tenían donde vivir.

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Han transcurrido muchos años, y a pesar de macro proyectos, en especial uno reciente, como lo es la Gran Misión Vivienda, impulsada por el fallecido presidente Hugo Chávez con una colosal inversión de dinero público para la edificación de residencias dignas, las calles de nuestro país ahora, en este mismo momento, en diciembre de 2013, muestran otro tipo de hombres y mujeres nuevas, de jóvenes, de niños y de niñas también nuevos, que se asilan y sobreviven debajo de cajas de simple cartón corrugado, que tal vez hace muy poco sirvieron para contener, proteger y trasladar mercancías liquidadas codiciosamente.

En esta Tierra de gracia, todos quienes la habitamos (todos sin excepciones o exclusiones) merecemos en verdad disfrutar la dignidad, tener acceso a la justicia, vivir en progreso y en paz.

Por estos días en que nos preparamos a conmemorar el nacimiento del niño Jesús en un pesebre de Belén, y a un paso de votar para escoger a los mejores candidatos a alcaldes y concejales, un buen propósito de Navidad para Venezuela y el mundo –válido siempre más allá de las ideologías políticas que se accionen, las convicciones religiosas que se tengan, los idiomas que se hablen, las tradiciones culturales que se practiquen y la cantidad de recursos materiales que se dispongan– es perseverar en la construcción de más hogares virtuosos y en la erradicación de la pobreza integral, sembrando y multiplicando la educación, la capacitación, el trabajo productivo, los emprendimientos, la innovación responsable, la ética, para así lograr ciudades y familias más humanas y sostenibles, y por supuesto una sociedad civilizada, libre, menos vulnerable, que cimente una democracia vigente y plena.

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Esto es lo pertinente en esta era digital y del conocimiento ¡No más sombreros de cartón como techo! Si en verdad queremos que el hoy no sea lo mismo o peor que el ayer.

Germán Febres Ch / 2 de diciembre de 2013

Publicado por: Informe21.com y diariodecaracas.com

La canción original “Casas de cartón” del álbum “Techos de cartón” de Alí Primera puede escucharse aquí:

 

 

El profesional de este siglo no puede limitar su preparación a los aspectos técnicos para aplicarlos a situaciones predefinidas

enero 31, 2011

Burgazzi propone una nueva visión de la educación

Debemos enseñar a aprender y emprender

Escrito por Angelo Burgazzi * / angelo@accede.net

Angelo BurgazziEn plena Era del Conocimiento, el sistema educativo sigue operando predominantemente con el modelo de la Era Industrial, cuyo requerimiento principal -mano de obra capacitada- implica la preparación técnica y profesional de empleados para ocupar eficientemente la cantidad de puestos de trabajo de las grandes empresas y fábricas que concentraron la oferta de empleo y dominaron el escenario económico productivo del siglo pasado.

El éxito del sistema educativo en su nivel más alto, el nivel universitario, es medido entonces en la Era Industrial por la “empleabilidad” de sus graduandos. Hay que reconocer que en este sentido en Venezuela se hizo un buen trabajo: nuestros profesionales universitarios son altamente “empleables”, incluso en comparación con profesionales de otras latitudes. El profesional venezolano suele tener altos niveles de “empleabilidad” tanto local, cuando hay trabajo, como en muchos otros países.

Cuando hay trabajo, he allí el detalle. Si el sistema educativo en general, y especialmente las universidades, ponen su foco en la producción de personas que al graduarse irán a buscar trabajo, es importante preguntarnos ¿de dónde salen los puestos de trabajo?

En seguida surgen otras interrogantes: ¿dónde recae la responsabilidad de la creación de nuevos puestos de trabajo? Más aún, ¿cómo se crean nuevos puestos de trabajo en el siglo XXI, en la Era del Conocimiento? Y en relación a la responsabilidad de las universidades, si lo que allí preparamos son empleados, ¿dónde se preparan las personas que crean, o que  contribuyen a la creación de nuevos puestos de trabajo?

La Era del Conocimiento plantea un nuevo contexto social y económico; nos enfrenta a nuevas situaciones, que debemos afrontar con nuevas soluciones. La responsabilidad de la creación de puestos de trabajo no puede recaer en unos pocos, grandes empresarios industriales, nacionales o transnacionales, o en un omnipotente estado que planifica y controla de forma centralizada.

Las organizaciones intensivas en conocimiento son organizaciones en red, flexibles, dinámicas, que no necesitan ser grandes para operar a nivel global. Agrupan nodos funcionales con propósitos y servicios bien definidos. Los colaboradores conectados en organizaciones en red, prestan sus servicios a la red y a la vez son servidos por ella, de forma interdependiente. Y, en red, sirven a sus clientes. Los miembros de estas organizaciones son los profesionales de la Era del Conocimiento, nativos o migrantes digitales, que además de la preparación técnica pertinente, han desarrollado competencias claves de autodesarrollo, de trabajo en equipo, de innovación, de emprendimiento.

De esta forma, la creación de puestos de trabajo es responsabilidad capilar, descentralizada, de pequeños equipos, casi individual, pero con altísimo nivel de interrelación, y con actitud emprendedora. Con los mercados globales accesibles, el pequeño productor trasciende el pequeño mercado local.

Es claro entonces, que el profesional de este siglo no puede limitar su preparación a los aspectos técnicos para aplicarlos a situaciones predefinidas, en organizaciones jerárquicas, estáticas, que operan con procedimientos establecidos, que emplean profesionales y los organizan en cadenas de producción, en departamentos, a manera de la era industrial. Estas formas de producción están en su ocaso.

El reto de transformación de nuestro sistema educativo es el de preparar a los profesionales que trabajarán y vivirán en el nuevo contexto de la Era del Conocimiento. Profesionales que se hacen cargo de sí mismos. Que no necesitan de supervisión jerárquica para ser responsables, que comprenden lo que hacen, que alinean su propósito personal con el de su equipo de trabajo, con el de su organización en red. Más que ocupar un puesto de trabajo, tienen como objetivo crecer y desarrollarse, agregando valor. Son capaces de trabajar en equipos multiculturales, distribuidos por el mundo. Ellos mismos son ciudadanos del mundo. Aprenden continuamente porque aprendieron a aprender. Respetan al que sabe, aprenden de él, y son generosos al enseñar. Son responsables, siguen las normas, las cuestionan y las cambian cuando quedan obsoletas. Proponen nuevas y mejores formas para hacer las cosas. Buscan la excelencia. Saben que lo único constante es el cambio. Se desarrollan y crecen, como es natural, continuamente.

El sistema educativo, en todos sus niveles, debe afrontar este reto sin demora. En todas las especialidades universitarias y a lo largo de cada carrera, los estudiantes deben poder desarrollar las competencias de innovación y emprendimiento. La universidad debe mover el foco de entregar conocimiento y ponerlo en enseñar a aprender. 

Los estudiantes deben tener experiencias tempranas de interdependencia multidisciplinaria, no sólo con programas de intercambio. Y de creación guiada de iniciativas de emprendimiento, no sólo de pasantías y tesis.

Los graduados de nuestras universidades, los profesionales de hoy y de mañana tenemos la responsabilidad de la creación de valor, alineando nuestros propósitos personales con el de nuestro equipo, Venezuela, para emprender la creación del país que queremos.

(*) El autor es emprendedor, especialista en tecnología de información, fundador y director de ACCEDE Espacio de Emprendimiento y de la organización DBAccess.

Fuentes: EL MUNDO, Economía y Negocios, e Informe21.com

Nota de la redacción: Recomendamos ampliamente la atención y circulación que pueda brindarse a este artículo. Impulsa una visión innovadora y pertinente sobre la educación que es prudente impartir en el futuro inmediato. GFCH.