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El Alzhéimer y el Párkinson ahora podrán ser controlados

julio 8, 2017

Descubren como controlar el Alzhéimer y el Párkinson

Un estudio de la Universidad de Atlanta descubrió que la clave se encuentra en revertir una proteína tóxica que desarrolla estas enfermedades

Las calamidades o males neuro-degenerativos son el enemigo más temible de las personas de la tercera edad, debido a que muchas implican la pérdida de la capacidad de control de la mente y el cuerpo. Es por este motivo que existen diversas investigaciones  que pretenden acabar con los síntomas e incluso con la misma enfermedad.

Ahora, un estudio de la Universidad Emory, en Atlanta, en Estados Unidos, consiguió averiguar de forma exacta que tienen en común ambas enfermedades. Resulta que la clave está en una enzima llamada asparagina endopeptidasa (AEP) que recorta y hace más viscosa y tóxica a esa proteína, por lo que inhibiéndola con un fármaco se puede parar y revertir el desarrollo de Parkinson y el Alzhéimer.

El descubrimiento fue publicado en la revista Natural Structural and Molecular Biology y cuenta que esta enzima neurotóxica hace más tóxicas las proteínas encargadas de matar las células cerebrales. Es por ese motivo que se cree que impedir el desarrollo de esa enzima podría conducir a un parón y revertir el desarrollo de la enfermedad desde un principio.

NM

 

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Sin duda alguna: caminar es ejercicio ideal para estimular riego sanguíneo al cerebro

mayo 10, 2017

Imagen referencial, artículo en Chequeando IdeasDesde hace mucho tiempo se ha sabido que uno de los mejores ejercicios que existen es caminar; ayuda a bajar de peso, mantiene los músculos en forma, además que un buen paseo a pie es sumamente relajante y ayuda combatir el estrés, entre otros beneficios; en pocas palabras, caminar contribuye en gran medida al bienestar general. Y como si esto fuera poco, un estudio reciente realizado por investigadores de la Universidad Highlands de Nuevo México, Estados Unidos, demuestra que caminar también ayuda a controlar el flujo sanguíneo al cerebro y hace que la cantidad de sangre que le llega se incremente.

Así lo informaron miembros del equipo investigador al presentar los resultados del estudio el pasado 30 de abril, durante la reunión anual de AP S de Biología Experimental 2017; explicaron que, tal y como este mismo grupo y otros en el pasado habían determinado, el impacto de los pies contra la superficie del suelo provoca ondas de presión en las arterias, las cuales producen una sincronización del ritmo cardiaco con el ritmo de la marcha, esto regula el riego sanguíneo de forma dinámica, causando así un aumento del flujo de sangre al cerebro; sin embargo, hasta el momento se creía que este efecto sólo aparecía al correr. El hallazgo de este estudio consiste en que estas ondas de presión se generan igualmente al caminar.

Para esta investigación, los expertos calcularon el flujo de sangre que llegaba a ambos hemisferios del cerebro de doce adultos jóvenes, mediante la medición de la velocidad de las ondas de sangre dentro de la carótida interna y del diámetro de las arterias de cada individuo, realizadas con técnicas de ultrasonido, tanto estando de pie como caminando rápido, a razón de un metro por segundo. De esta manera lograron determinar que, a pesar de que el impacto que se produce en los pies al caminar es menor que el que se produce al correr, al caminar se originan las mismas ondas de presión en las arterias, con el consiguiente incremento en el riego sanguíneo al cerebro; es interesante señalar que este efecto no es tan evidente con la práctica del ciclismo, ya que al pedalear no se produce el impacto de los pies contra el suelo.

“Estos nuevos datos dan a entender de manera clara que el flujo sanguíneo cerebral es muy dinámico y depende directamente de las presiones cíclicas en la aorta que interactúan con los pulsos de presión en dirección contraria que produce el impacto de los pies”, señaló Ernest Greene, director del equipo investigador.

“Hay un continuo de efectos hemodinámicos sobre el flujo de sangre al cerebro humano cuando se pedalea, se camina o se corre. De una manera especulativa se puede afirmar que esas actividades pueden optimizar la perfusión (alimentación de las células con oxígeno y nutrientes) y el funcionamiento del cerebro y en general la sensación de bienestar durante el ejercicio”, agregó el experto.

Expresó Greene que resulta “sorprendente” que no se hayan medido antes esos “obvios efectos hidráulicos sobre el flujo de sangre en el cerebro”.

Según este experto, existe un ritmo optimizador entre “el riego de sangre al cerebro y moverse”. Explicó que el ritmo de la marcha y del impacto en los pies se corresponde con el de un ritmo cardiaco normal durante un movimiento enérgico, es decir, unos 120 latidos por minuto.

LQ

 

Límite máximo de la longevidad humana es de 125 años, según científicos

octubre 17, 2016

longevidad humanaEl acelerado progreso de las ciencias médicas en el pasado siglo y lo que ha transcurrido del actual, controlando unas enfermedades, eliminando otras, disminuyendo drásticamente la mortalidad infantil, mejorando las condiciones sanitarias y la calidad de vida, y ampliando las expectativas de longevidad pareció, a ojos de muchos, dar nuevas esperanzas de lograr una vida que quizás pudiera extenderse bastante más allá de los “primeros” cien o doscientos años; sin embargo, un nuevo estudio realizado por un grupo de científicos norteamericanos, dirigido por Jan Vijg, y publicado por la prestigiosa revista británica Nature, parece dar al traste con esas esperanzas al sugerir que el límite máximo de duración de la vida humana no podría sobrepasar los ciento veinticinco años.

“Nuestros resultados sugieren que la duración máxima de la vida humana es fija y está sometida a limitaciones naturales”, indicaron los expertos, tras medir la edad máxima alcanzada por individuos de unos cuarenta países en todos los continentes.

En un estudio previo, realizado en 2014 por un equipo de científicos franceses, se comprobó que en los últimos años la expectativa de vida estaría alcanzando un límite máximo entre los atletas de alto desempeño, así como en individuos denominados “supercentenarios”, es decir aquellas personas que llegan a vivir más de ciento diez años; entre estas personas el récord de longevidad hasta el momento recae en la francesa Jeanne Calment, quien murió en 1997 a los ciento veintidós años.

A través del estudio de los casos de individuos “supercentenarios” de Francia, Japón, Gran Bretaña y Estados Unidos, el grupo de estudio norteamericano determinó que la edad tope de defunción se había incrementado en forma acelerada entre 1970 y 1990, alcanzando un nivel máximo en 1995 y luego, entre 1995 y 2006, comenzó a descender ligeramente un promedio anual de 0,38 año.

Brandon Milholland, uno de los investigadores, señaló que tras el deceso de Jeanne Calment “los decanos de la humanidad han muerto alrededor de los ciento quince años y prevemos que eso no cambie en un futuro previsible”. No obstante, aclara que eso no significa que no exista la posibilidad de alguien llegue a vivir más tiempo, pero que la probabilidad de que un ser humano alcance la edad de ciento veinticinco años es ínfima, “menos de 1 en 10.000”, según sus cálculos.

Pese a esto, los científicos subrayan que, si bien sus resultados “sugieren” que la longevidad humana ha alcanzado su límite “natural”, hasta ahora este hecho no se ha demostrado en forma incuestionable.

Vijg enfatiza que “nuevos avances en la lucha contra las enfermedades infecciosas y crónicas podrían aumentar todavía más la esperanza de vida media de la población, pero no la duración máxima de la vida”; destaca que para prolongar la extensión de la vida más allá de los ciento veinticinco años serían necesarios “avances terapéuticos” que permitan “controlar las variantes genéticas que parecen determinar colectivamente la duración de la vida humana”.

Por su parte, el médico gerontólogo argentino, Juan Hitzig, explica que “las especies viven cinco veces más de lo que les lleva llegar a su máxima capacidad reproductiva. Una vez que se llegó a esa edad, que en los humanos es entre los veinticinco y treinta años, hay que empezar a cuidarse a uno mismo porque los mecanismos de autorregulación se reducen. Si bien la edad cronológica no se va a modificar, lo que sí puede ser modificado es la edad biológica”.

Milholland expresa que “en calidad de científico, nuestro deber es decir la verdad, aunque no sea del todo agradable”, y agrega que aquellas personas que no aceptan que la vida humana tiene un término y se empeñan en buscar la inmortalidad “seguirán poniendo sus esperanzas en tecnologías que no han sido aún descubiertas”.

LQ

 

Descubren que el “sexto sentido” tiene origen genético

octubre 9, 2016

Imagen referencial. Sexto sentido. Chequeando ideas.Desde la infancia hemos aprendido que existen cinco sentidos a través de los cuales percibimos el mundo que nos rodea: vista, oído, olfato, gusto y tacto; pero además, en muchas oportunidades hemos oído hablar de un misterioso “sexto sentido”, un sentido que aparentemente no se halla relacionado con alguna estructura orgánica, como sí lo están los otros cinco. Este enigmático sentido nos permitiría recibir impresiones indefinidas, difíciles de interpretar y de explicar, por lo que a menudo las relacionamos con la intuición, con lo extrasensorial, incluso con la clarividencia.

No obstante, un estudio llevado a cabo recientemente por expertos del Instituto Nacional de Desórdenes Neurológicos y Accidentes Cerebrovasculares de Estados Unidos apunta a que, más que algo ligado a lo esotérico, el denominado “sexto sentido” está más bien relacionado con la propiocepción, una capacidad perceptiva asociada a un gen vinculado con el sentido del tacto, y que nos permite obtener sensaciones de nuestro propio cuerpo, nos hace conscientes de nuestra postura, de la posición y movimiento de nuestras articulaciones y nos ayuda a controlar nuestro equilibrio.

En esta institución científica, cuya función es la investigación de trastornos neurológicos de origen desconocido en pacientes jóvenes, los especialistas descubrieron que dos de sus pacientes, de nueve y diecinueve años, mostraban síntomas físicos parecidos; esta semejanza los motivó a emprender una serie de análisis a fin de determinar si las pacientes presentaban alguna mutación genética en común; de esta manera encontraron que ambas jóvenes presentaban una rara mutación en el gen PIEZO2, el cual está relacionado con el sentido del tacto y la capacidad de coordinación.

“Nuestro estudio subraya la importancia crítica del PIEZO2 y los sentidos que éste controla en nuestra vida cotidiana. Los resultados establecen que PIEZO2 es un gen del tacto y la propiocepción en los humanos. Entender su rol en los sentidos puede darnos indicios sobre una variedad de desórdenes neurológicos”, expresó Carsten Bonnemann, uno de los jefes de la investigación.

Antes de esta experiencia, todas las investigaciones que se habían llevado a cabo para estudiar el sentido de la propiocepción habían sido realizadas en el laboratorio con ratones; ahora, los exámenes practicados en las pacientes afectadas proporcionaron información valiosa acerca de la importancia de este gen y de la forma en que la vida diaria del individuo se ve afectada al carecer de la percepción de su propio cuerpo.

Esta circunstancia se hizo más evidente al realizar pruebas en las cuales se comparaban las reacciones de las pacientes con las de participantes voluntarios; se comprobó, por ejemplo, que al vendárseles los ojos no podían alcanzar objetos que tenían delante de sí, y eran incapaces de determinar en qué dirección se movían sus extremidades.

Por otra parte, los escáneres cerebrales demostraron que, aunque tenían sensibilidad al dolor y a los cambios de temperatura, presentaban una marcada disminución de la sensibilidad a ciertas formas de contacto físico, llegando en uno de los casos a no presentar respuesta alguna al roce de la piel.

“Lo destacable de estos pacientes es cómo sus sistemas nerviosos compensan su falta de tacto y conocimiento del cuerpo. Esto indica que el sistema nervioso puede tener varios caminos alternativos que podemos aprovechar en el diseño de nuevas terapias”, precisó Bonnemann.

LQ

 

Estudio revela asociación entre contaminación ambiental y el desarrollo de Alzheimer

septiembre 17, 2016

Nota de Chequeando Ideas. La magnetita y el alzheimerEs bien conocido el hecho de que la contaminación ambiental produce efectos perniciosos para la salud en múltiples niveles; sabíamos, por ejemplo, que el envenenamiento con gases tóxicos, como el escape de los motores, puede tener serios efectos en el sistema respiratorio, en la piel, el sistema vascular, entre otros. Ahora, un nuevo estudio llevado a cabo por científicos mexicanos y británicos de las universidades de Oxford, Lancaster y Manchester acaba de revelar la existencia de una asociación entre la contaminación ambiental y el desarrollo en el cerebro de condiciones relacionadas con el mal de Alzheimer.

Los investigadores detectaron niveles anormalmente elevados de nanopartículas de magnetita en los cerebros de treinta y siete personas residentes en Ciudad de México y en Manchester, todas pacientes que sufren de la enfermedad de Alzheimer; los niveles alcanzan a millones de nanopartículas por gramo de materia cerebral.

La magnetita es un mineral de hierro tóxico que posee un altísimo nivel de magnetismo, capaz de alterar la función normal de las células, además está relacionado con la producción de radicales libres asociados con el mal de Alzheimer.

Investigaciones previas habían revelado la existencia de partículas de magnetita dentro del organismo humano, se trata de partículas biológicamente inofensivas ya que son generadas dentro del organismo en forma natural y son fácilmente reconocibles por su forma rectilínea.

No obstante, las partículas detectadas en este estudio tienen forma de bolas, característica que revela que provienen de la contaminación ambiental. Estas partículas pueden haberse generado en condiciones de temperatura extremadamente alta, dentro de los motores de los automóviles, lo cual parece indicar que ingresaron directamente al cerebro a través del nervio olfativo al inhalar los gases tóxicos de los escapes. Esta suposición parece ser corroborada en estos casos por el coincidente hallazgo de partículas de metales como platino, níquel y cobalto, las cuales nunca se forman en el organismo de manera natural.

“Nuestra investigación indica que las nanopartículas de magnetita en la atmósfera pueden entrar en los cerebros humanos, donde pueden entrañar riesgo para la salud humana, incluidas condiciones vinculadas con el Alzheimer”, explicó Barbara Maher, principal responsable del estudio.

Por su parte, el científico Joseph Kirschvink afirmó: “El descubrimiento de que las nanopartículas de magnetita generadas industrialmente pueden entrar en tejidos cerebrales es alarmante”.

Estudios anteriores ya habían determinado que las enfermedades neurodegenerativas como el mal de Alzheimer se producen por la formación dentro del cerebro de placas seniles que interrumpen la comunicación entre las neuronas; pero hasta el momento se desconoce el origen de estas placas. Aunado a ello, hasta ahora no se contaba con evidencias que probaran que las partículas provenientes de la contaminación ambiental podían ingresar al cerebro; sin embargo, los hallazgos de este estudio pueden abrir nuevas puertas a la investigación de estas patologías.

Fuente: Con información de DiarioEcología.

GF

 

Teoría de las inteligencias múltiples, la forma más adecuada de enfocar el proceso educativo

agosto 28, 2016

Cuando se habla de un concepto abstracto, como la belleza o la inteligencia, creemos tener una idea bastante clara de lo que se trata; todos sabemos, por ejemplo, evaluar si un ser o un objeto es bello o no, pero puestos en el caso de definir, de explicar la belleza, lo que hace que ese ser o ese objeto sea bello, nos encontramos con una tarea mucho más ardua y compleja de lo que imaginamos en un principio…

Enfoque más adecuado del proceso educativo…Igual dificultad afrontamos cuando se trata de definir la inteligencia; un concepto extraído del diccionario indica que la inteligencia es “la facultad de comprender, la capacidad de saber o aprender”, y más adelante expresa: “Al concepto de inteligencia que en sus líneas generales coincide con el de intelecto, la psicología funcional moderna añade el de aptitud para adaptarse a situaciones nuevas que la diferencian radicalmente del instinto…” (Diccionario Enciclopédico VOX, tomo 3, GET/MOR. Tercera edición corregida. Editorial Biblograf. Enero, 1979. Barcelona, España).

Red de conjuntos autónomos e interrelacionados

Pero si la inteligencia está intrínsecamente ligada al intelecto, ¿qué decir entonces de la difundida idea de la inteligencia emocional, por ejemplo? ¿O es que existe más de una forma de inteligencia?

Para el psicólogo e investigador estadounidense Howard Gardner, de la Universidad de Harvard, así es; en un modelo propuesto en el año 1983, este especialista desarrolla la teoría de las inteligencias múltiples, según la cual “la inteligencia no es un conjunto unitario que agrupe diferentes capacidades específicas, sino una red de conjuntos autónomos e interrelacionados”.

Señala Gardner que del mismo modo en que existen múltiples tipos de problemas que enfrentar, igualmente existen múltiples tipos de inteligencias para resolverlos; hasta ahora, en sus investigaciones Gardner y su equipo han determinado ocho tipos: la lingüístico-verbal, la lógico-matemática, la viso-espacial, la musical, la corpóreo-cinestésica, la intrapersonal, la interpersonal y la naturalista.

En el campo educativo, esta teoría reviste especial importancia por cuanto implica la necesidad de identificar cuáles son los tipos de “inteligencias” que posee cada estudiante a fin de aprovecharlas al máximo, potenciando las más desarrolladas al mismo tiempo que se procura estimular las más limitadas. Esto significa abordar los contenidos curriculares a través de una estrategia educacional personalizada para cada alumno, realizando actividades específicas para cada uno; esta estrategia convierte al profesor en una especie de “entrenador” que, más que suministrar información, estimula al alumno a adquirir los conocimientos por sí mismo, formulando preguntas, despertando inquietudes y guiando el proceso de aprendizaje.

Gracias a sus investigaciones en este campo, el doctor Gardner fue galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de las Ciencias Sociales, el 11 de mayo de 2011, en Oviedo, España.

GF

 

Estudio con etnia amazónica demuestra que las preferencias musicales son aprendidas

julio 24, 2016

 

Chequeando ideas. Estudio con etnia amazónica demuestra que las preferencias musicales son aprendidas.Un acorde es la combinación armónica de dos o más notas de la escala musical que suenan simultáneamente. En la mayor parte de los estilos musicales de la cultura occidental, existen acordes considerados más armoniosos que otros; por ejemplo, sin importar cuáles sean nuestras preferencias, para la mayoría de las personas suena más agradable un acorde de Do y Sol que un estridente acorde de Do y Fa sostenido, tan desagradable que ha sido denominado tradicionalmente como “la música del diablo”.

 

Desde la antigüedad se conoce que para nuestros oídos son más gratos los acordes consonantes, es decir, aquellos en los que la relación entre las frecuencias de las notas se mide en números enteros; sin embargo, hasta ahora no se tenía una idea clara de si esta preferencia era innata y por tanto común a todas las personas, independientemente de su cultura, o si por el contrario era producto del aprendizaje; incógnita difícil de descifrar si se toma en cuenta que casi la totalidad de las personas actualmente están “impregnadas” con los acordes consonantes de la música occidental.

Chequeando ideas. Estudio musical con etnia amazónica boliviana.Sin embargo, finalmente la cuestión ha podido despejarse gracias a una investigación realizada por especialistas del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y la Universidad de Brandeis de los Estados Unidos con la colaboración del pueblo Tsimane, una tribu indígena del Amazonas que ha permanecido en aislamiento casi total, por lo que sus oídos no han sido contaminados con nuestra música occidental.

Según la publicación del estudio, aparecida en la revista Nature, los Tsimane son un pueblo agrícola y recolector compuesto por unas doce mil personas que habitan en la selva boliviana, algunas a varios días de distancia del centro urbano más cercano. Esto significa que la mayor parte de ellos prácticamente no ha tenido contacto con nuestra música; en su cultura tribal, la música se compone por una parte instrumental y una parte de canto, pero generalmente una u otra son interpretadas por un solo individuo.

Más de cien miembros de esta comunidad participaron en dos grupos de estudio, uno en el año 2011 y el otro en el 2015; en primer lugar, se les realizaron pruebas para determinar si eran capaces de detectar la diferencia entre acordes consonantes y disonantes; establecido esto, en cada grupo, se les dio a escuchar a los participantes una serie de acordes, algunos consonantes y otros disonantes, y se les pidió que calificaran cuánto les gustaban unos y otros.

Sorprendentemente, los acordes disonantes, incluso el Do y Fa sostenido, fueron calificados como tan agradables como los consonantes; en este sentido, Josh McDermott, miembro del Departamento de Cerebro y Ciencias cognitivas del MIT señaló:

“El estudio sugiere que las preferencias por la consonancia dependen de la exposición a la cultura musical occidental, y que no son innatas”.

A fin de validar los resultados, esta prueba fue realizada en forma idéntica con un grupo de bolivianos de habla hispana de un pequeño pueblo cerca de los Tsimane, con residentes en la ciudad de La Paz, así como a grupos de músicos y no músicos norteamericanos; los resultados fueron extraordinarios.

“Lo que encontramos es que la preferencia por la consonancia varía espectacularmente entre los cinco grupos”, explicó McDermott. “En los Tsimane es indetectable, y en los dos grupos de Bolivia, hay una preferencia estadísticamente significativa pero pequeña. En los grupos americanos es un poco más grande, y es mayor en los músicos que en los no músicos”.

En el experimento también se les pidió a los Tsimane que calificaran sonidos no musicales, como risas, jadeos y sonidos sintéticos; ante estos sonidos las respuestas de los indígenas fueron similares a las de los otros grupos, incluso mostraron el mismo desagrado ante un sonido denominado aspereza acústica.

Fuente: Con información de http://www.abc.es