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Innovación, una cuestión de supervivencia

marzo 13, 2017

En el pasado, un pasado no muy lejano aún en realidad, la fortaleza de los pueblos se medía por el poderío de sus fuerzas armadas, su riqueza económica o su capacidad para controlar a otros. Hoy, afortunadamente, las cosas han cambiado; en el presente es la capacidad para obtener logros que potencien el desarrollo lo que marca la diferencia, pero esta diferencia supone un reto, y este reto es la innovación. Aquellos países cuya fuerza impulsora es la innovación son los que alcanzan las metas de desarrollo que plantea el mundo moderno; países como Finlandia, Estados Unidos, Japón o Israel son un ejemplo claro de esto.

En la actualidad, el mundo transita por intensos y vertiginosos cambios a nivel tecnológico, una situación que se ha venido denominando “la cuarta revolución industrial”; esto implica que, para formar parte activa y significativa del mercado laboral, cada trabajador debe desarrollar nuevas habilidades que le permitan mantenerse a la par con el ritmo de hoy, en un mundo cada vez más dominado por la tecnología digital. Facebook, Whatsapp, Waze, Netflix son sólo algunas de las muchas aplicaciones que a diario utilizamos, con las que nos comunicamos y que ejercen una profunda influencia en nuestras vidas.

Un reporte publicado por el World Economic Forum (Future of Jobs Report 2016), según el cual en un futuro tan próximo como el año 2020, entre las habilidades que exigirá el mercado laboral estarán la capacidad para resolver problemas complejos, el pensamiento crítico y la creatividad, cualidad íntimamente relacionada con la innovación. Esto significa que innovar ya no es cuestión de elección, sino de supervivencia; la creatividad nos permite concebir ideas novedosas, que la innovación nos permite poner en práctica.

Innovar significa obtener ventajas competitivas en el mercado, no hacerlo entraña el riesgo de perder posiciones e influencia y, a la larga, desaparecer; como lo explica Silvia Leal, experta en innovación y transformación digital, en los próximos cuatro años, cuatro de cada diez empresas están destinadas a desaparecer, con lo cual el mercado laboral sufrirá una dramática reducción en el número de puestos de trabajo.

Para afrontar los cambios que se están operando y para aprovechar todas las oportunidades que estos cambios generan, es necesario poner en marcha toda una cultura de emprendimiento e innovación; al mismo tiempo, la formación de los profesionales del futuro inmediato debe abarcar nuevas habilidades y capacidades en áreas como innovación, creatividad, emprendimiento y nuevas tecnologías, esto es, el conocimiento de nuevas tecnologías digitales, la computación en la nube, el Big Data, el Internet de las cosas; igualmente, en el área metodológica, conocimiento de métodos ágiles, como el Design Thinking y el Lean Startup.

Adicionalmente, estos nuevos profesionales deben prepararse para el trabajo en equipo y desarrollar habilidades de liderazgo que les permitan llegar a convertirse en promotores del cambio; en el campo empresarial, deben comenzar a desarrollar una cultura de innovación y sentar las bases para nuevas alianzas estratégicas, tanto con asociados directos como con nuevos asociados, a fin de lograr en común la creación de soluciones a problemas y el desarrollo de nuevos modelos de trabajo.

Con información de la república.pe

GFCh

 

Emprender más allá de los conflictos y por sobre las dificultades

enero 13, 2011

2011: Emprendemos o perdemos

EmprendedoresEl emprendimiento al igual que la innovación no es algo abstracto, demasiado complejo, distante ni excepcionalmente difícil de alcanzar. Al contrario, es algo que vemos o tropezamos a cada rato, que celebramos o felicitamos, muchas veces sin formar parte del mismo, sin percatarnos de que todos podemos –y más aún: debemos– de alguna manera ser emprendedores.

De hecho, en los tiempos que corren, caracterizados por dificultades económicas, condiciones cambiantes, significativo desempleo y alta preocupación por la salud de la Tierra, el emprendimiento innovador y responsable es una imperiosa necesidad. Es clave para ganar.

Revisemos el concepto y sus implicaciones. En una conferencia dictada recientemente (noviembre 2010), en la Universidad Panamericana de México, referida al emprendimiento social como precursor del nuevo paradigma de mercado, Pamela Hartigan, directora de la Fundación Schwab, explicó sin desperdicio que “el emprendimiento social consiste en poner en marcha un enfoque innovador, pragmático, sustentable y transformador para revertir el desequilibrio social, ambiental y económico”.

Los emprendedores sociales –expresó Hartigan–, crean organizaciones innovadoras que con frecuencia se asemejan en su quehacer a un negocio (…) pueden estar constituidas como organizaciones con ánimo de lucro, pero su verdadero objetivo es la creación de valor social.

Entonces, ¿cual es la diferencia entre un emprendedor comercial y un emprendedor social?

Ambos están impulsados por una oportunidad percibida que persiguen incansablemente. Ninguno de los dos tiene como motivo principal el dinero, es el desafío lo que los atrae. Pero para el emprendedor comercial, desde el inicio de su actividad, la oportunidad percibida recae en crear un nuevo o mejor producto o servicio con la expectativa de que habrá mercado para ello, generando ganancias financieras para el emprendedor y sus inversionistas.

“En comparación, el emprendedor social tiene como objetivo dirigirse a las fallas de gobiernos y de mercados. Trabaja con aquellas poblaciones o sectores que los gobiernos no han sido capaces de alcanzar efectivamente. Por otro lado, se dirige a corregir las faltas del mercado donde las compañías no operan –porque los riesgos son muy altos y las recompensas económicas muy bajas– pasando así por alto a millones de consumidores y proveedores potenciales. Es en ese vacío donde los emprendedores sociales desarrollan su acción. De este modo, están reorganizando el sistema para construir sociedades sostenibles, y en muchas instancias, abriendo mercado”.

Por su parte, el escritor Paulo Coelho, destaca en un artículo, citando también a Pamela Hartigan, autora de la investigación, una lista de diez puntos comunes entre las personas que, insatisfechas con el mundo que las rodeaba, decidieron crear su propio trabajo –“buscar su sueño”– y añade: Pienso que la lista de Pamela va más allá de la iniciativa social (…) y puede ser aplicada a muchas cosas que hacemos en nuestra vida diaria.

Impaciencia: Quien busca su sueño no se queda esperando a que las cosas sucedan; ve los problemas de ayer como las oportunidades de hoy. Por causa de su impaciencia, es frecuentemente obligado a cambiar de rumbo, pero es esa adaptación la que lo hace madurar.

Conciencia: Sabe que no está solo en este mundo, y cada gesto suyo tiene una consecuencia. El trabajo que está haciendo puede transformar el ambiente que le rodea. Al comprender este poder, él pasa a ser un elemento activo de la sociedad y eso le reconcilia con la vida.

Innovación: Quien busca su sueño cree que todo puede ser diferente de cómo es, pero para ello necesita encontrar un camino que aún no fue recorrido. Aunque esté siempre rodeado de la vieja burocracia, de los comentarios ajenos y de las dificultades (…) descubre las maneras de hacerse escuchar.

Pragmatismo: No se queda esperando los recursos ideales para comenzar su trabajo; se remanga (…) la camisa y (…) manos a la obra.

Aprendizaje: Es generalmente alguien que tiene un gran interés en una determinada área, y cuya observación detallada hace que encuentre nuevas soluciones para problemas antiguos. Pero este aprendizaje sólo puede ser alcanzado a través de la práctica y de la constante renovación.

Seducción: Nadie consigue sobrevivir aislado en un mundo competitivo; consciente de eso, quien busca su sueño consigue hacer que otras personas se interesen por sus ideas. Y esas personas se interesan porque saben que están delante de algo creativo, comprometido con la sociedad y que, además, podría resultar lucrativo económicamente.

Flexibilidad: Tiene una idea en la cabeza, y un plan para transformarla en realidad. Sin embargo, a medida que avanza, se va dando cuenta de que tiene que adaptarse a las realidades del mundo que le rodea, y es a partir de ahí que su responsabilidad social pasa a ser un factor importante en la transformación.

Obstinación: Puede ser flexible en su camino, pero está al mismo tiempo concentrado en su objetivo. Por causa de sus ideas innovadoras y por estar siempre moviéndose en terreno desconocido, jamás dice “lo probé, pero no dio resultado”. Al contrario, siempre busca todas las alternativas posibles y gracias a eso los resultados terminan apareciendo.

Alegría: Pasa por momentos difíciles pero está contento con lo que hace. Sus eventuales confusiones y errores nada tienen que ver con su incapacidad, y es capaz de sonreír cuando da un paso en falso porque sabe que podrá corregir su movimiento más adelante.

Contagio: Tiene la capacidad única de hacer que las personas que le rodean perciban que vale la pena seguir su ejemplo y hacer lo mismo. Por ese motivo jamás se sentirá solo, incluso si de vez en cuando se siente incomprendido.

Para finalizar esta entrega, yo agrego estar convencido que son múltiples las ideas que han transformado el mundo para bien, y muchas las que han mejorado y brindado sostenibilidad a superiores condiciones de vida particulares y colectivas, cuando esos conceptos fueron llevados a la práctica por personas que decidieron emprender más allá de los conflictos y por sobre las dificultades.

Caracas, enero de 2011.

Germán Febres Ch.