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Tecnológico de Massachusetts organiza laboratorio mundial para innovar la educación

julio 19, 2017

Es un hecho incontrovertible que las nuevas tecnologías han venido ocupando cada vez más espacio en nuestra vida cotidiana, siendo la educación uno de los ámbitos que han recibido su influencia con mayor fuerza, ya que este fenómeno ha abierto las puertas a la exigencia de formar a los estudiantes para la resolución de todo un nuevo género de problemas que surgen en un mundo laboral incierto, entrelazados con asuntos ambientales y políticos, e incluso conflictos bélicos; a la vista de tales circunstancias, el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), una de las más prestigiosas universidades del mundo, acaba de emprender un laboratorio mundial de la educación, a fin de convocar la participación de todos los países, con miras a analizar y reestructurar los procesos de enseñanza y aprendizaje.

Artículo en Chequeando Ideas

La profesora Claudia Urrea (PhD), de Colombia, directora asociada del MIT, explica que la iniciativa apunta hacia “educar para la vida”.

Claudia Urrea, directora asociada del MIT, explicó que el mecanismo implementado por el MIT funcionará como una comunidad virtual mundial, en la cual “cada país hará su propuesta con el objetivo de buscar un renacer de la educación, para empoderar al chico desde el preescolar hasta su salida de la universidad”.

La experta colombiana señaló que el objetivo debe ser “educar para la vida, pensar un sistema que pase por la educación superior y llegue hasta el mundo del trabajo. El aprendizaje debe ser continuo, hay que formar niños diferentes, estudiantes diferentes y profesionales diferentes. Desde el MIT desarrollamos la investigación, pero son los países los que tienen que definir dónde se quieren ver parados en cinco o diez años, cómo se van a mover y qué recursos van a afectar”.

Explicó que la tecnología “es lo que amplía las brechas entre aquellos estudiantes que avanzan y los que quedan rezagados. Los que no la usan de una forma empoderada son los que se quedan atrás”, a esto agregó que “la tecnología es una herramienta de la innovación en materia educativa pero hoy ofrece una multiplicidad de variantes que hacen más fácil y entretenido el aprendizaje para los estudiantes”. Mencionó que entre estas opciones están los cursos en línea, el aprendizaje personalizado “y la posibilidad de que el estudiante construya su propio aprendizaje a través de simulaciones, con lo que se le acercan conceptos que hasta hace algunos años le eran difíciles de entender y estimula su creatividad”.

Según Urrea, emplear la tecnología no se reduce a entregarle una computadora a cada estudiante; dijo que “los países están comprando la solución antes de hacer el diagnóstico del problema. Primero tienen que pensar hacia dónde quieren llegar como Estado en cinco o diez años y luego comprar las herramientas en función de ese diagnóstico”.

Invitó a pensar qué es lo que se espera que pase en el aula y que los estudiantes hagan para luego determinar cual es el instrumento tecnológico adecuado a tal fin. “Hay que definir qué valores, habilidades, conocimientos enseñamos, cómo tiene que ser la dinámica del aprendizaje y la relación entre el maestro y su alumno”.

Advirtió que no se trata de cambios fáciles, pero que lo más importante es no darse por vencidos, seguir avanzando, pese a los errores, pero buscando alianzas, acceder a centros, a materiales que se usan con éxito en otras latitudes, a sabiendas de qué es lo que funciona bien en el mundo y qué es lo que no da resultados; igualmente hizo un llamado a los docentes a no temer al uso de estas herramientas tecnológicas y a invitar a los estudiantes a utilizarlas como “elementos maravillosos que integran distintos conceptos”.

Aclaró la especialista, nacida en Colombia, que el Laboratorio Mundial de la Educación promovido por el MIT “no es un espacio físico es una invitación a crear una comunidad mundial de personas y países que estén interesadas en trabajar con los niños, repensar y renovar los sistemas de enseñanza y aprendizaje en todos los niveles”.

GFCh

 

Estudio con etnia amazónica demuestra que las preferencias musicales son aprendidas

julio 24, 2016

 

Chequeando ideas. Estudio con etnia amazónica demuestra que las preferencias musicales son aprendidas.Un acorde es la combinación armónica de dos o más notas de la escala musical que suenan simultáneamente. En la mayor parte de los estilos musicales de la cultura occidental, existen acordes considerados más armoniosos que otros; por ejemplo, sin importar cuáles sean nuestras preferencias, para la mayoría de las personas suena más agradable un acorde de Do y Sol que un estridente acorde de Do y Fa sostenido, tan desagradable que ha sido denominado tradicionalmente como “la música del diablo”.

 

Desde la antigüedad se conoce que para nuestros oídos son más gratos los acordes consonantes, es decir, aquellos en los que la relación entre las frecuencias de las notas se mide en números enteros; sin embargo, hasta ahora no se tenía una idea clara de si esta preferencia era innata y por tanto común a todas las personas, independientemente de su cultura, o si por el contrario era producto del aprendizaje; incógnita difícil de descifrar si se toma en cuenta que casi la totalidad de las personas actualmente están “impregnadas” con los acordes consonantes de la música occidental.

Chequeando ideas. Estudio musical con etnia amazónica boliviana.Sin embargo, finalmente la cuestión ha podido despejarse gracias a una investigación realizada por especialistas del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y la Universidad de Brandeis de los Estados Unidos con la colaboración del pueblo Tsimane, una tribu indígena del Amazonas que ha permanecido en aislamiento casi total, por lo que sus oídos no han sido contaminados con nuestra música occidental.

Según la publicación del estudio, aparecida en la revista Nature, los Tsimane son un pueblo agrícola y recolector compuesto por unas doce mil personas que habitan en la selva boliviana, algunas a varios días de distancia del centro urbano más cercano. Esto significa que la mayor parte de ellos prácticamente no ha tenido contacto con nuestra música; en su cultura tribal, la música se compone por una parte instrumental y una parte de canto, pero generalmente una u otra son interpretadas por un solo individuo.

Más de cien miembros de esta comunidad participaron en dos grupos de estudio, uno en el año 2011 y el otro en el 2015; en primer lugar, se les realizaron pruebas para determinar si eran capaces de detectar la diferencia entre acordes consonantes y disonantes; establecido esto, en cada grupo, se les dio a escuchar a los participantes una serie de acordes, algunos consonantes y otros disonantes, y se les pidió que calificaran cuánto les gustaban unos y otros.

Sorprendentemente, los acordes disonantes, incluso el Do y Fa sostenido, fueron calificados como tan agradables como los consonantes; en este sentido, Josh McDermott, miembro del Departamento de Cerebro y Ciencias cognitivas del MIT señaló:

“El estudio sugiere que las preferencias por la consonancia dependen de la exposición a la cultura musical occidental, y que no son innatas”.

A fin de validar los resultados, esta prueba fue realizada en forma idéntica con un grupo de bolivianos de habla hispana de un pequeño pueblo cerca de los Tsimane, con residentes en la ciudad de La Paz, así como a grupos de músicos y no músicos norteamericanos; los resultados fueron extraordinarios.

“Lo que encontramos es que la preferencia por la consonancia varía espectacularmente entre los cinco grupos”, explicó McDermott. “En los Tsimane es indetectable, y en los dos grupos de Bolivia, hay una preferencia estadísticamente significativa pero pequeña. En los grupos americanos es un poco más grande, y es mayor en los músicos que en los no músicos”.

En el experimento también se les pidió a los Tsimane que calificaran sonidos no musicales, como risas, jadeos y sonidos sintéticos; ante estos sonidos las respuestas de los indígenas fueron similares a las de los otros grupos, incluso mostraron el mismo desagrado ante un sonido denominado aspereza acústica.

Fuente: Con información de http://www.abc.es