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El Alzhéimer y el Párkinson ahora podrán ser controlados

julio 8, 2017

Descubren como controlar el Alzhéimer y el Párkinson

Un estudio de la Universidad de Atlanta descubrió que la clave se encuentra en revertir una proteína tóxica que desarrolla estas enfermedades

Las calamidades o males neuro-degenerativos son el enemigo más temible de las personas de la tercera edad, debido a que muchas implican la pérdida de la capacidad de control de la mente y el cuerpo. Es por este motivo que existen diversas investigaciones  que pretenden acabar con los síntomas e incluso con la misma enfermedad.

Ahora, un estudio de la Universidad Emory, en Atlanta, en Estados Unidos, consiguió averiguar de forma exacta que tienen en común ambas enfermedades. Resulta que la clave está en una enzima llamada asparagina endopeptidasa (AEP) que recorta y hace más viscosa y tóxica a esa proteína, por lo que inhibiéndola con un fármaco se puede parar y revertir el desarrollo de Parkinson y el Alzhéimer.

El descubrimiento fue publicado en la revista Natural Structural and Molecular Biology y cuenta que esta enzima neurotóxica hace más tóxicas las proteínas encargadas de matar las células cerebrales. Es por ese motivo que se cree que impedir el desarrollo de esa enzima podría conducir a un parón y revertir el desarrollo de la enfermedad desde un principio.

NM

 

¿Cómo acabar con la inmortalidad del cáncer?

marzo 12, 2016

Los telómeros pueden ser una terapia efectiva contra los tumores.

Cánncer / Telomeros

 

Científicos del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) han descubierto una nueva estrategia para combatir el cáncer, del todo diferente a las ensayadas hasta ahora. El trabajo demuestra por primera vez que los telómeros, las estructuras que protegen los extremos de los cromosomas, pueden ser una diana efectiva contra el cáncer: el bloqueo del gen esencial para los telómeros TRF1 induce drásticas mejoras en ratones con cáncer de pulmón.

La desprotección de los telómeros emerge como potencial nueva diana terapéutica para el cáncer”, escriben en EMBO Molecular Medicine las autoras a igual contribución María García-Beccaria, Paula Martínez y Marinela Méndez, del grupo de Telómeros y Telomerasa del CNIO, liderado por la también firmante Maria Blasco.

El estudio ha contado con la colaboración del Programa de Terapias Experimentales, el Grupo de Oncología Experimental y las Unidades de Histopatología, Imagen Molecular y Microscopía, del CNIO, además del departamento de Medicina y Cirugía Animal de la Universidad Complutense de Madrid.

Cada vez que las células se dividen deben duplicar su material genético, el ADN, que está empaquetado en loscromosomas. Sin embargo, por cómo funciona el mecanismo de réplica, el extremo de cada cromosoma no puede ser copiado hasta el final y, como consecuencia, en cada división los telómeros se acortan. Los telómeros excesivamente cortos son tóxicos para la célula, que deja de replicarse y acaba siendo eliminada por los sistemas de limpieza celular.

Este fenómeno se conoce desde hace décadas, como también el hecho de que en las células tumorales por lo general no se produce. Las células de un cáncer proliferan sin control, y por tanto se dividen mucho, sin que sus telómeros se acorten sustancialmente; la clave es que en estas células se mantiene activa la enzima telomerasa, que está apagada en la mayoría de las células sanas. La reparación constante de los telómeros con telomerasa es precisamente uno de los mecanismos que permiten a las células tumorales dividirse sin fin.

Así, una estrategia obvia para combatir el cáncer es inhibir la telomerasa en las células tumorales. Esto ya se ha hecho, pero no con el resultado óptimo: los telómeros efectivamente se acortan, pero el acortamiento solo es letal para las células tumorales después de un tiempo —el que se tarda en que los telómeros se erosionen por completo—, algo que podría ser inaceptable en algunos casos.

En el trabajo que ahora se publica los investigadores también atacan los telómeros, pero por una vía completamente diferente a la de la telomerasa.

Desprotección instantánea de los telómeros

Los telómeros están formados por una secuencia de ADN repetida cientos de veces —la que se acorta en cada división celular— a la que se enganchan seis proteínas llamadas shelterinas (del ingles shelter o protección), que forman una especie de capuchón protector. La estrategia del equipo del CNIO ha sido bloquear una de las shelterinas, en concreto TRF1, de forma que se destruya el escudo protector.

La idea de atacar las shelterinas no había sido probada hasta ahora por el temor de que actuar sobre estas proteínas —presentes tanto en las células sanas como en las tumorales— generara demasiados efectos tóxicos.

Nadie había explorado la idea de usar una de las shelterinas como diana contra el cáncer”, explica Blasco. “La dificultad de encontrar fármacos que afecten la unión de proteínas al ADN, y la posibilidad de que estos fármacos fueran muy tóxicos, hizo que nadie lo explorara hasta ahora, aunque es algo que tiene mucho sentido”.

Pocos efectos secundarios

El trabajo actual muestra sin embargo que bloquear TRF1 solo genera toxicidades menores que son toleradas por los ratones. En cambio “este bloqueo sí que impide el crecimiento de carcinomas de pulmón ya establecidos”, escriben los autores.

Cuando se elimina TRF1 se induce una desprotección instantánea de los telómeros, lo que a su vez hace que las células entren en senescencia o mueran. Vemos que esta estrategia mata eficientemente las células del cáncer, frena el crecimiento tumoral y tiene efectos tóxicos tolerables”, explica Blasco.

La inhibición de TRF1 se ha hecho tanto genéticamente —con ratones en los que se elimina el gen— como mediante compuestos químicos buscados exprofeso en las colecciones de principios activos propiedad del CNIO. Estos compuestos, entre ellos el inhibidor desarrollado por el Programa de Terapias Experimentales del CNIO ETP-47037, pueden servir de base para el desarrollo de fármacos que se puedan usar en humanos.

Demostramos que es posible encontrar potenciales fármacos que pueden inhibir TRF1 cuando se administran oralmente a los ratones y que tienen un efecto terapéutico”, apunta Blasco.

Cáncer para el que no hay dianas

Los modelos de ratón con los que los investigadores han trabajado padecían cáncer de pulmón, que es en humanos el tipo de cáncer que más muertes causa en todo el mundo. En concreto, los investigadores crearon un ratón con un tipo de cáncer de pulmón muy agresivo contra el que no hay aún ninguna diana farmacológica: tumores en los que está activo el oncogen Kras y a los que además les falta el supresor tumoral p53.

TRF1 es la primera diana que demuestra potencia en inhibir estos tumores de crecimiento muy agresivo. Los investigadores primero seleccionaron TRF1 de entre la familia de shelterinas. TRF1, una de las shelterinas más estudiadas, está exclusivamente en los telómeros y tiene alicientes para ser una buena diana en cáncer —su inhibición afecta también a las llamadas células madre del cáncer, posibles responsables de que los tumores reaparezcan con el tiempo—.

Después el objetivo fue demostrar que efectivamente TRF1 es una diana en cáncer, y para ello los investigadores bloquearon genéticamente su acción en los ratones con cáncer de pulmón y también en ratones sanos, para estudiar la toxicidad del procedimiento.

Una vez establecido que la nueva diana es efectiva en frenar el crecimiento de los tumores y poco tóxica, buscaron compuestos químicos que mostraran acción contra TRF1. Han hallado dos tipos de compuestos. “Ahora estamos buscando socios en la industria farmacéutica para llevar los resultados a estadios más avanzados del desarrollo de fármacos”, dice Blasco.

Tomado de…

Por: Redacción Quo / Fuente: Agencia SINC

 

Más de cien billones de bacterias habitan en nuestro cuerpo

febrero 2, 2012

Ecosistema de bacteriasMICROBIOMA / EL CUERPO HUMANO ES UNA BACTERIA

El estudio de los cien billones de microorganismos que habitan en el interior del intestino está cambiando el tratamiento de las patologías gastrointestinales, las dolencias cardiovasculares e incluso trastornos como el autismo.

Autor: Marta Palomo / publico.es

El proyecto Genoma Humano secuenció la información genética contenida en el 10% de las células que forman el cuerpo humano. El 90% restante no son células humanas sino un auténtico ecosistema de unos cien billones de bacterias que habitan en nuestro cuerpo. Reciben el nombre de microbioma, y la ciencia está descubriendo cada día nuevas pruebas que demuestran que son fundamentales para nuestra supervivencia. Como explica el doctor Francisco Guarner, responsable del grupo de Fisiología y Fisiopatología Digestiva del Vall d’Hebron Institut de Recerca (VHIR), “el microbioma se considera ya un órgano en sí mismo”.

Las alteraciones que se producen en esta población de microorganismos tienen serias consecuencias para la salud; de hecho influyen hasta tal punto en el cuerpo que pueden llegar a modificar la conducta y el desarrollo cerebral. Hay estudios que demuestran que animales de laboratorio que crecen en total ausencia de bacterias tienen un desarrollo corporal deficiente, un cerebro distinto e inmaduro y su sistema inmunitario es incompleto. Lo sorprendente “y una de las razones que justifica el considerar el microbioma como órgano”, explica Guarner, “es que si a estos animales se les trasplanta la flora de individuos normales, recuperan la normalidad”.

“El microbioma se considera ya un órgano en sí mismo”, dice un experto

Bioquímica cerebral

Estos resultados todavía no pueden extrapolarse a seres humanos, pero “existen evidencias indirectas de que el microbioma afecta a nuestra bioquímica cerebral”, afirma la investigadora y doctora Elena Verdú, que ha participado en estos experimentos con ratones en la Universidad de McMaster (Canadá). “Es posible que estos mecanismos estén implicados en enfermedades como el autismo”, añade la investigadora.

Los trastornos gastrointestinales se cuentan entre las complicaciones que sufren las personas con autismo y merman su calidad de vida. La causa última de esta asociación todavía se desconoce, pero investigadores de la Universidad de Columbia, en EEUU, han descubierto recientemente lo que podría ser una diferencia clave: muchos niños autistas tienen un tipo de bacteria en su flora intestinal que el resto de los niños no tiene.

Este microrganismo en concreto pertenece al género Sutterella y, aunque su presencia está asociada a patologías digestivas inflamatorias como la enfermedad de Crohn o la colitis ulcerosa, según Bren Williams, autor del estudio, “aún queda mucho trabajo que hacer antes de entender el papel de Sutterella en el autismo”.

Casi dos kilos de células bacterianas habitan en nuestro cuerpo

El hecho de que una gran parte de pacientes autistas tengan alterados el tipo y la cantidad de especies de la flora intestinal es una situación en la que todavía no se sabe qué es primero, si el huevo o la gallina. Como asegura Verdú, “la conexión cerebro-intestino es bidireccional” y parece ser prometedora.

Y es que una flora intestinal adecuada no sólo genera vitaminas y aminoácidos esenciales para la supervivencia del cuerpo humano, sino que también estimula el sistema inmunitario. La mayoría de células inmunocompetentes conviven con las bacterias en la pared del intestino y es principalmente allí donde entran en contacto con los antígenos del exterior y el sistema aprende a diferenciar lo propio de lo ajeno.

Todavía no se sabe si las alteraciones gastrointestinales en el autismo son algo más que sintomáticas, pero en otros casos sí lo son. En pacientes con enfermedad de Crohn o esclerosis múltiple, que sí tienen una base autoinmune, la flora intestinal está alterada, y se ha demostrado que, enriqueciéndola, se mejoran sus afectaciones neurológicas.

La flora intestinal interactúa con los fármacos y los alimentos

Una de las opciones terapéuticas en estudio es restaurar la población de bacterias y alterar el sistema inmunitario del paciente mediante el consumo de probióticos o de determinados gusanos helmintos (parasitarios) no patógenos. Aunque esta última opción no suene deliciosa, ya se han obtenido resultados en varios pacientes y en EEUU se han iniciado estudios clínicos en personas autistas y pacientes con esclerosis múltiple o con alergias alimentarias graves. De todos modos, Guarner opina que, aunque los resultados de los tratamientos con helmintos son prometedores, “la solución a estas enfermedades necesita conocer mejor el microbioma”.

Desde que se conoce la repercusión del microbioma en el cuerpo humano, la investigación de cómo alterarlo y obtener efectos beneficiosos no sólo avanza en el campo de las enfermedades digestivas, sino en muchos otros, como por ejemplo la cardiología. Hace tiempo que se sabe que pacientes con obesidad o diabetes tipo 2 tienen más riesgo cardiovascular que personas sanas y también elevados niveles de leptina, una hormona relacionada con el metabolismo y el apetito. Un estudio reciente ha puesto en práctica un hecho que ya se conocía, que la presencia de Lactobacillus plantarum disminuye la secreción de leptina. Los resultados demuestran que ratas alimentadas con un probiótico que contiene dicha bacteria sintetizan menor cantidad de leptina y ello podría tener un reflejo en la disminución del número y la gravedad de infartos.

El doctor Abel Mariné, experto en nutrición y seguridad alimentaria de la Universidad de Barcelona, opina que, aunque sí parece existir una relación entre obesidad y flora intestinal “y este estudio es interesante, no hemos de perder de vista que está hecho con animales de laboratorio y que se ha de verificar y ser reproducible”, explica. De todos modos, “los probióticos no deben confundirse con medicamentos, pues sus efectos beneficiosos son suaves y a largo plazo”, aclara Mariné (ver despiece).

A por los genes

El siguiente gran paso biomédico después de lograr secuenciar el genoma humano es el proyecto europeo MetaHIT (Metagenómica del Tracto Intestinal Humano) . Su objetivo es ambicioso: descifrar el material genético de las más de 150.000 especies distintas de microbios que colonizan el cuerpo humano. Guarner, responsable español de MetaHIT, explica: “Vamos a generar un catálogo de las bacterias simbióticas que viven y participan en nuestro cuerpo, sus características y sus funciones”.

Un proyecto quiere descifrar los genes de los microbios que colonizan el cuerpo

La investigación del microbioma no es sencilla, “puesto que la mayoría de las bacterias del intestino necesitan del ecosistema que forman con las demás para crecer”, detalla Guarner, “y, por lo tanto, no crecen en las condiciones de cultivo del laboratorio”. La solución a este reto ha sido la metagenómica, es decir, aplicar técnicas de biología molecular y secuenciación de genes para obtener grandes bases de datos.

Este proyecto, en el que participan ocho países europeos, está en marcha desde 2008 y tiene fecha prevista de finalización para junio de 2012.

Hasta ahora, los resultados que se conocen del proyecto MetaHIT son sorprendentes. Los investigadores han descubierto, por ejemplo, que es posible que los seres humanos puedan clasificarse, además de por grupo sanguíneo, sexo y edad, según sus bacterias. Los científicos de MetaHIT analizaron la flora intestinal de casi 200 personas de seis nacionalidades distintas y descubrieron que todas ellas se podían agrupar en tres tipos bien diferenciados.

Este descubrimiento puede tener una gran repercusión en medicina puesto que, según explica el genetista Mani Arumugam, primer investigador de estos resultados, “la flora intestinal interactúa directamente con los fármacos y los alimentos que tomamos y modula su absorción”; así que Arumugam cree que, en un futuro, se podrían “diseñar dietas y fármacos personalizados” en función del tipo bacteriano al que pertenezca cada persona.

Una flora intestinal adecuada estimula el sistema inmunitario

Los resultados del estudio MetaHIT pretenden tener infinidad de aplicaciones terapéuticas. “El gran objetivo es llegar a entender una parte del cuerpo humano que hasta ahora desconocíamos”, explica Guarner. “Si llegamos a conocer al detalle estos dos kilos de células bacterianas que habitan en nuestro cuerpo, entonces podremos utilizar este conocimiento para tratar el autismo, trastornos psiquiátricos tempranos, enfermedades autoinmunes, alergias, trastornos del metabolismo, obesidad o diabetes tipo 2”, enumera.

Fuente: http://www.publico.es/ciencias/418418/el-cuerpo-humano-es-una-bacteria

83 muertos dejaron experimentos médicos de EEUU en Guatemala en los años 40

agosto 29, 2011

Presidente Obama había encargado que se investigara.Washington (AFP).- Al menos 83 de las personas sometidas a experimentos médicos por científicos estadounidenses en Guatemala en la década de 1940 murieron, señaló
este lunes la comisión que investiga los hechos a solicitud del presidente de Estados Unidos, Barack Obama.

Unas 5.500 personas participaron en estos experimentos, sin que se les informara en qué consistían, y de ellas, 1.300 fueran expuestas o inoculadas con una enfermedad venérea, señaló uno de los miembros de la comisión, Stephen Hauser, al presentar las conclusiones preliminares.

“De estos grupos, creemos que hubo 83 muertes”, dijo Hauser. Esta es la primera vez que se esboza una cifra de muertes ligadas a las pruebas, que se realizaron sobre poblaciones vulnerables, como presos, enfermos mentales, trabajadoras sexuales y niños, entre 1946 y 1948.

Hauser dijo que la comisión aún no ha determinado “a qué nivel estas muertes estuvieron directa o indirectamente relacionadas con los experimentos”, pero que por ejemplo se detectaron casos de infecciones y meningitis luego de las inoculaciones.

De las personas inoculadas con enfermedades venéreas, como sífilis y gonorrea, sólo “700 recibieron alguna forma de tratamiento” posteriormente, indicó Hauser.

La comisión presidencial para temas de bioética, que por nueve meses ha revisado más de 125.000 documentos sobre estas pruebas realizadas entre 1946 y 1948 con financiamiento de los oficiales Institutos Nacionales de Salud (NIH, por sus siglas en inglés), entregará su informe final a Obama en septiembre.

Los experimentos médicos, que buscaban probar la efectividad de medicamentos contra las enfermedades de transmisión sexual y la eficacia de los métodos dedetección de esas dolencias, fueron un “episodio inmoral de injusticia histórica”, afirmó Amy Gutmann, la jefa de la comisión.

Obama encargó al grupo la investigación en noviembre pasado, un mes después de que salieran a la luz los experimentos calificados como “crímenes de lesa humanidad” por el presidente de Guatemala, Alvaro Colom, cuyo gobierno inició su propias averiguaciones que siguen en curso.

El líder de la investigación guatemalteca, el vicepresidente Rafael Espada, iba a
participar en la reunión de este lunes, pero debió cancelar por el huracán Irene que interrumpió parte del tráfico aéreo estadounidense durante el fin de semana.

El mandatario estadounidense llamó a Colom para disculparse personalmente al conocerse el caso, que calificó de “inmoral”.

La investigación busca “honrar a las víctimas y asegurarnos de que esto no
suceda nuevamente”, dijo Gutmann.

“No fue un accidente que esto sucediera en Guatemala”, en un país foráneo y
sobre población vulnerable, ya que algunos de los investigadores “dijeron que no hubieran podido hacer esto en su propio país”, afirmó Gutmann.

Los pacientes fueron tratados como “un material”, lamentó.

Los investigadores, liderados por el doctor John Cutler, “actuaron sistemáticamente en contravención del mínimo respeto por los derechos humanos y la ética de la investigación”, agregó.

Sabían que sus acciones no eran correctas ya “hay evidencia sustancial que reflejan esfuerzos de los investigadores por limitar el conocimiento de las actividades con los guatemaltecos tanto como fuera posible”, destacó Gutmann.

Varios de los científicos que participaron en los experimentos en Guatemala ya habían adelantado en 1943 un estudio similar con presos en Estados Unidos, pero en ese caso fue con voluntarios que sabían a qué se sometían y dieron su consentimiento.

La investigación sobre el caso en Guatemala forma parte de un estudio más general de la comisión, en consulta con colegas internacionales, sobre los alcances éticos de las investigaciones con seres humanos, cuyas conclusiones serán entregadas a Obama a fines de año.

 

Retiran medicamento contra las náuseas en más de diez países

febrero 17, 2011

También a medias en Venezuela

Anaquel de farmacia u hospital. Foto referencialLa farmacéutica francesa Sanofi-Aventis retiró del mercado el Anzemet, un medicamento prescrito para prevenir náuseas y vómitos en casos de pacientes tratados con quimioterapia, ante los riesgos de problemas cardíacos que acarreaba, informó hoy una portavoz del grupo.

El fármaco, que se comercializaba en trece países, seguirá recetándose en ocho pero sólo para evitar náuseas y vómitos postoperatorios, precisó el anuncio.

El Anzemet fue retirado de Canadá, Alemania, Suiza, Túnez y Marruecos, mientras que seguirá utilizándose, aunque sólo en caso de postoperatorios, en Bulgaria, Brasil, México, Venezuela, Australia, Corea del Sur, Estados Unidos y Sudáfrica.

Nuevas indicaciones

En esta segunda indicación, dijo la portavoz, la dosis recomendada es muy inferior a la de pacientes tratados con quimioterapia, por lo que los riesgos de arritmias cardiacas constatados también son más bajos. Sanofi-Aventis decidió retirar el producto tras las conclusiones a las que llegó por sus medidas de vigilancia y como precaución, sin que ninguna autoridad nacional se lo pidiera, señaló.

Sin embargo, la autoridad sanitaria estadounidense advirtió en diciembre pasado que el producto, homologado en Europa en 1997, aumentaba los riesgos de arritmias, en ocasiones mortales, por lo que recomendaba que no fuera utilizado en oncología, donde las dosis prescritas son mayores.

Fuente: Agencia de noticias EFE

Bioética

septiembre 14, 2010

El concepto relegado

Escrito por Luis Daniel Otero* 

(*) Doctor en Ciencias, Universidad Central de Venezuela. Profesor, Universidad de Los Andes, Venezuela. Dirección: Laboratorio de Ecología de Insectos, Facultad de Ciencias, Universidad de Los Andes, Mérida, Venezuela. e-mail: ldotero@ula.ve

Fuente: Tomado de http://www.scielo.org.ve/scielo.php?pid=S0378-18442009000100013&script=sci_arttext

RESUMEN

Bio[eticaLa apropiación del neologismo ‘bioética’ por parte de la profesión médica ha determinado una deriva de los propósitos de la disciplina con respecto a los que eran intención original de su autor, V. R. Potter. Este ensayo explora algunas razones de esa deriva e inconsistencias entre las dos visiones resultantes, acudiendo a datos históricos y confrontando citas originales de Potter con algunas de las concepciones comunes entre bioeticistas de la medicina. Se concluye reivindicando la pertinencia de la propuesta originaria para el dominio que incluye a todas las profesiones y disciplinas, dentro del cual la medicina es solo una parcela.

“Es sólo recientemente –en los últimos 10 años– que me he tomado el tiempo para mirar alrededor y percatarme de que existen problemas más importantes que la investigación del cáncer, y que si las mejores mentes del mundo no se dedican a ellos, no importará si el promedio de vida es de 68, 78, o 58 años.”

Potter (1971, p. 149)

Para quienes conocieron la bioética por las publicaciones originales de Van Rensselaer Potter, profesor de oncología y entonces Director Asistente del Laboratorio McArdle para la Investigación sobre el Cáncer de la Escuela de Medicina de la Universidad de Wisconsin, EEUU, debió resultar curioso el giro de significado que tuvo el término, desde una propuesta que reconocía la importancia del tema ambiental y la reflexión en torno a los modos de vida en Occidente como fundamentales para la supervivencia de la especie humana hacia otro, hoy indiscutiblemente más difundido, que tiende a limitar sus consideraciones al ámbito estrictamente médico y en buen grado circunscrito a la legitimación de la aplicación de tecnologías y decisiones de vida y muerte de pacientes individuales o, a lo sumo, cuestiones de salud pública. Este ensayo pretende explorar las razones que subyacen en este giro de significado y en lo posible reivindicar la bioética de Van Rensselaer Potter (Potter, 1970, 1971, 1988), la concepción relegada, como legítimo espacio de reflexión de las diversas disciplinas científicas, de las humanísticas, y en general, de todos los ámbitos del conocimiento y quehacer humanos. Se admite también una segunda preocupación que acompaña estas líneas aun cuando no se pretenda darle respuesta, y es la de porqué hubo de darse una denominación diferente a la ética médica, disciplina con más de dos milenios de historia y tradición suficientemente larga como para haber madurado sobre la base de las más difíciles experiencias de práctica profesional y de historia variada y controvertida. Parece innecesaria la usurpación del neologismo para reconocer que la reflexión en su campo es de indiscutible vigencia e importancia hoy, cuando el enfoque biomédico tiende a reducir la relación médico paciente a aspectos de semiótica, diagnosis y a una aproximación meramente mecanicista de sus tratamientos (Stagnaro, 2002). Pero aquí el acento va dirigido al campo de reflexión que de origen corresponde a esa bioética de Potter, no menos importante si se consideran las consecuencias ambientales del comportamiento dispendioso de nuestra civilización y lo incierto que, en consecuencia, se muestra nuestro futuro.

La Bioética de Van Rensselaer Potter

Publicaciones recientes sugieren que la noción de una bioética tiene sus primeras expresiones occidentales como deber moral y como sentimiento de reverencia religiosa hacia la vida en dos autores alemanes de la primera mitad del siglo veinte. Albert Schweitzer hizo por primera vez uso del término Lebensethik o “ética de la vida” en 1923, y más tarde en 1927, Fritz Jahr empleó el término Bioethik (Jahr, 1927; Potthast, 2008). Pero es a principios de la década de los 70, cuando de manera independiente y sin conocer estos antecedentes, Van Rensselaer Potter usó el neologismo en dos publicaciones que proyectan la bioética al escenario internacional.

Los inicios de la bioética Potteriana se remiten a los primeros años de la década de los 60, cuando Potter organizó el Seminario Interdisciplinario sobre el Futuro del Hombre. Reunía allí a un grupo de académicos de la Universidad de Wisconsin ocupados en la reflexión sobre temas tales como el devenir de la especie humana, el papel que en éste juegan el conocimiento y el desarrollo de tecnologías, el papel de la educación, el compromiso social de la ciencia, etc. (Potter, 1971). Fue ése el camino intelectual que cristalizó en su proposición de la “Bioética”, título nacido mientras pedaleaba entre su casa de habitación y su oficina en el campus de la Universidad de Wisconsin en Maddison (Peter J. Whitehouse, comunicación personal), y que por primera vez hizo público en el artículo titulado Bioethics: The Science of Survival (Potter, 1970) y luego como primer capítulo de su libro seminal Bioethics: Bridge to the Future (Potter, 1971) que publicó pisando ya sus 60 años de vida. El nombre tuvo la virtud de ser no solo un término cohesivo que dio sentido de unidad a la diversidad de temas e intereses que atañen a una “Ciencia de la Supervivencia”, sino además generoso, por el espacio que brindaba a formulaciones procedentes de cualquier ámbito del quehacer de los hombres (la medicina incluida) y fértil, por las posibilidades de diálogo que en consecuencia generaba.

El Sentido Potteriano de la Bioética

Potter recibió su formación profesional básica en química y biología, y como bioquímico en sus estudios de postgrado. Pasó la mayor parte de su vida dedicado al estudio del cáncer en el Laboratorio McArdle de la Universidad de Wisconsin, alcanzando niveles de excelencia que le valieron importantes reconocimientos y una extensísima producción científica a lo largo de más de 50 años de actividad profesional (Segota, 1999; Williams, 2001; Whitehouse, 2003). Pero fueron actividades paralelas a sus estudios de oncología las que condujeron a su propuesta de la nueva disciplina. Es el primer párrafo del primer capítulo de su libro, el que más parece acercarnos a una definición de su bioética:

“La raza humana está en necesidad urgente de una nueva sabiduría que habrá de proveer ‘el conocimiento sobre cómo usar el conocimiento’ para la supervivencia del hombre y para una mejora de calidad de la vida. Este concepto de sabiduría como una guía de la acción -el conocimiento de cómo usar el conocimiento para el bien social- puede ser llamado la ciencia de la supervivencia, con certeza el pre-requisito para mejorar la calidad de la vida. Yo asumo la posición de que la ciencia de la supervivencia debe ser construida sobre la ciencia de la biología y llevada más allá de los linderos tradicionales para incluir los elementos más esenciales de las ciencias sociales y de las humanidades con énfasis en la filosofía en el sentido estricto, con el significado de ‘amor por la sabiduría’. Una ciencia de la supervivencia debe ser más que solo una ciencia, y por tanto propongo el término Bioética con el propósito de enfatizar los dos ingredientes más importantes en alcanzar la nueva sabiduría que es tan desesperadamente necesaria: conocimiento biológico y valores humanos” (Potter, 1971, p. 1).

Potter destacaba el carácter medular del tema ambiental en su propuesta:

“Lo que debemos ahora admitir es el hecho de que la ética humana no puede ser separada de una comprensión realista de la ecología en su sentido más amplio. Los valores éticos no pueden ser separados de los hechos biológicos. Tenemos gran necesidad de una ética de la Tierra, de una ética de la vida salvaje, de una ética poblacional, de una ética urbana, de una ética internacional, de una ética geriátrica y así sucesivamente. Todos estos problemas demandan acciones que estén basadas sobre valores y sobre hechos biológicos. Todos ellos implican a la Bioética y la supervivencia del ecosistema en su totalidad es la prueba del sistema de valores.” (Potter, 1971, p. 7).

Es hecho significativo que dedicara su libro a Aldo Leopold, Ingeniero Forestal y convencido conservacionista, autor del clásico texto Game Management (Leopold, 1933), padre de la disciplina del Manejo de Fauna Silvestre y autor del ensayo titulado La Ética de la Tierra (Leopold 1989), entre muchos otros. Decía de él que había “anticipado la extensión de la ética a la bioética”. Como Leopold, Potter reconocía que la supervivencia del hombre exigía la extensión del dominio de la ética a los asuntos ambientales.

Las Intuiciones Fundamentales de la Bioética

Aun cuando se puede reconocer una evolución en el pensamiento de Potter posterior a 1970, es posible acudir al primero de sus libros (Potter, 1971) para definir aspectos capitales de su “ciencia de la supervivencia”, si bien estos son más ampliamente desarrollados en escritos posteriores (Potter 1975, 1977, 1988, 1990, 1994, 1998, 2000, 2001, 2002; Potter y Potter 1995; Potter y Whitehouse 1998). En primer lugar, es innegable la conexión entre su investigación oncológica y la propuesta originaria de la bioética. Luego de aludir a la analogía entre cáncer y la especie humana, según él originalmente formulada por Norman Berrill, Potter se pregunta: “¿es destino del hombre ser para la Tierra viviente lo que el cáncer es para el hombre?” (Potter, 1971, p. 3). Ya en el prefacio había declarado que “Un interés filosófico creciente sobre el futuro, sobre el concepto del progreso humano, y sobre la naturaleza fundamental del desorden fueron un constante hilo unificador en mis actividades extracurriculares durante estos 30 años. La obsesión con el problema del cáncer es una explicación obvia para la digresión hacia estos temas claramente relacionados. La motivación de encontrar un ‘desorden ordenado’ en el nivel cósmico con el cual explicar el ‘desorden’ que se observa en aspectos prácticos del problema del cáncer debe ser el impulso subconsciente que resultó en las variadas reflexiones que condujeron a este pequeño volumen.” (Potter, 1971, p. viii)

En los trece capítulos que siguen desarrolla, entretejidas con las ideas anteriores, nociones que pueden tenerse por fundamentales: La “sabiduría” entendida como “conocimiento acerca de cómo usar el conocimiento para el bien social”, que ésta “debe ser construida sobre la ciencia de la biología y llevada más allá de los linderos tradicionales para dar cabida a los elementos más esenciales de las ciencias sociales y de las humanidades” (p. 1) y que demanda una visión de lo humano que conjugue su naturaleza biológica con una perspectiva humanista y ecológica. (p. 1). La idea del “conocimiento peligroso”, que ilustra en ejemplos suficientes y toca de manera recurrente en al menos seis de sus trece capítulos y al que define en términos de “conocimiento que se ha acumulado más rápido que la sabiduría para manejarlo”. (p. 76). Admite que el conocimiento no es en sí mismo inherentemente bueno o malo, pero aclara que éste puede hacerse peligroso en las manos de especialistas que “carecen de antecedentes lo suficientemente amplios como para visualizar todas las implicaciones de su trabajo”. (p. 69-70) Echa mano también del concepto que tituló “el defecto fatal de la evolución” (p. 109) original de Theodosius Dobzhansky y que Potter, además de explorar desde la perspectiva meramente biológica que identifica con los riesgos de una fertilidad humana sin control, hace extensivo a la evolución cultural: “una idea es por lo general juzgada en términos del presente y no en términos del futuro. Solo los intelectos combinados de muchas disciplinas serán capaces de evaluar las ideas que de mejor manera planifican el curso de la humanidad a través de un ambiente que sufre cambios culturales y físicos sin precedentes. Solo el hombre tiene la capacidad de pensar acerca del futuro, y solo el hombre tiene el poder de dar pasos para prevenir su propia extinción. En este momento, sin embargo, nadie puede decir si estos poderes pueden ser movilizados lo suficientemente pronto. La mejor recomendación que puede hacerse en el presente es la de soluciones abiertas que eviten los callejones ciegos de la superespecialización” (Potter, 1971, p. 109). Alude así a las aparentes ventajas de las nuevas ideas en el ámbito cultural, el de la creación científica, tecnológica u otro, advirtiendo con ello que de manera análoga a la invención evolutiva, su conveniencia y beneficios inmediatos pueden ocultar efectos adversos en el mediano o largo plazo. Alerta sobre la falibilidad de esa certeza eufórica, el “sentimiento de Eureka”, que suele acompañar el nacimiento de una nueva idea. (p. 108). Propone una concepción científico-filosófica de progreso cuyas premisas deben ser continuamente sometidas a prueba, una concepción que reconoce las limitaciones del conocimiento existente pero también el carácter infinito e inagotable del conocimiento por descubrir, que reconoce la necesidad de más conocimiento como única respuesta al “conocimiento peligroso” y que reconoce que, si bien la ciencia es conocimiento, el conocimiento per se no es sabiduría. La sabiduría, señala, “es conocimiento moral, el conocimiento de cómo usar el conocimiento, y el más importante conocimiento de todos”. (p. 49).

¿Por qué Entonces el Uso del Término en la Profesión Médica?

Si lo anterior describe, aun de manera aproximada, el contexto y propósito del planteamiento original de Potter, no se ve nada que se parezca a lo que se ha hecho corriente entender por bioética. Ni en el prefacio ni en ninguno de los 13 capítulos de su libro de 1971 aparece la ética médica como tema central. ¿Por qué entonces esa apropiación del término por los eticistas de la medicina? El hecho fue al parecer propiciado por la mención que, después de publicado, se hizo por vez primera del libro de Potter (1971) en un artículo periodístico que abordaba el tema de los dilemas que acompañan los descubrimientos en la biología molecular, genética y las nuevas posibilidades de intervención en asuntos de la vida humana, explorados desde la ciencia, desde la teología y, obviamente, desde la medicina (Anónimo, 1971; ver comentarios en Potter 1998, 2002). El artículo hace, entre otras, referencia a la iniciativa de eticistas norteamericanos para crear el Instituto para la Sociedad, la Etica y las Ciencias de la Vida, integrado entonces por 70 miembros entre quienes destacaba el teólogo católico Daniel Callahan, prominente especialista de la ética médica, y el también notable biólogo evolucionista Theodosius Dobzhansky. No es descabellado que Potter quedara así vinculado entre los lectores a las nuevas consideraciones dentro del campo de la ética médica, ni descabellado tampoco pensar que también fuera la fuente del uso impropiamente contextuado del término acuñado por Potter con un significado esencialmente mucho más amplio y abarcador, en la creación, por el obstetra André Hellegers, del Instituto Kennedy para la Reproducción Humana y Bioética en Washington, hipótesis que ha sido ya adelantada en otros contextos (Potter, 1998; Acosta Sariego, 2006).

Hay también argumentos que suponen que el concepto tuvo una evolución autónoma que lo condujo por caminos distintos del previsto para él por su autor originario. Tristram Enghelhardt sugerió que, para quienes trabajaban en el campo de la biomedicina, la aparición del término fue “como un nido arrojado a una solución supersaturada. De una vez, toda una gama de intereses cristalizaron”. Enghelhardt hacía referencia a las implicaciones de toda una avalancha de nuevos conocimientos, desarrollos científicos y tecnologías que “habrían de cambiar la medicina e incluso a nosotros mismos” y para las cuales, “los viejos términos -ética médica o ética de la enfermería- parecían muy limitados o estrechos para identificar este amplio agregado de intereses y preocupaciones.” (Englehart, en Potter 1988, p. ix).

También se ha referido esta aparente dualidad del concepto como producto de un origen bilocado de la disciplina que tendría en Potter y en Hellegers dos inicios independientes (Reich, 1993; Kotow, 2000). Parece injusta, sin embargo una hipótesis que como ésa desconoce la prioridad intelectual y los motivos de su verdadero autor. Warren T. Reich, aunque admite que el término es original de Potter y declara no haber antes reconocido de manera adecuada su prioridad (Reich, 1995, p. 23-24), se extiende en argumentos que en su opinión dan razón del éxito de la acepción dada al término por Hellegers. En nuestro caso, coincidimos con Whitehouse (2003) quien lo resume de manera concisa: “[los conceptos de V. R. Potter] perdieron la competencia intelectual ante formulaciones dominantes que emergieron en Washington sustentadas por más dinero y mayor poder político nacional”.

Potter (1975) señaló algunas de las circunstancias que favorecieron el predominio de la acepción dada al término por el Instituto Kennedy: a los cuatro años de su fundación disponía éste de “cerca de 20 académicos a dedicación exclusiva y 55 estudiantes graduados” y tenía un presupuesto acumulado hasta el momento de 3 millones de dólares. Nace también en este contexto la Enciclopedia de Bioética, documento de indiscutible valor para la ética médica y cuya creación, bajo conducción editorial de Reich (1978), “involucró a un número impresionante de personas, 285, en la primera gran tarea colaborativa (sic) internacional que se llevó a cabo en el campo de la bioética” (Gracia, 1998). (p. 29). Como era de esperar, los desarrollos de la bioética médica no se limitaron a aquellos del Instituto Kennedy y pronto ésta fue adoptada por escuelas de medicina y otras instituciones, entre ellas el Centro Hastings de Nueva York. El impulso se tradujo también en la implementación de cursos de postgrado marcados por el mismo hierro y donde a pesar de toda la retórica académica que pretende reconocer en Potter la paternidad de la disciplina, sus ideas permanecen completamente ajenas a los contenidos que son enseñados a muchos de sus estudiantes graduados (Williams 2001; Whitehouse 2003). En Williams (2001) se lee: “I was never formally introduced to his writings, teachings or philosophies. I stumbled upon them almost by chance“.

Considerando los antecedentes y la creciente complejidad de las decisiones en una medicina desbordada por su acelerado desarrollo tecnológico, es hecho comprensible que haya sido desde allí donde hubo mayor difusión del neologismo y que la mayoría de las personas sean ignorantes de su connotación originaria. Buena parte de los documentos producidos en los centros de bioética médica en Norte, Sur América y Europa, de los que a continuación se transcriben ejemplos, claramente desdeñan el sentido original de la propuesta:

Para LeRoy Walters, quien era a la fecha director del Centro para la Bioética de la Universidad de Georgetown en Washington, DC, EEUU, también dependiente del Instituto Kennedy, bioética es “el estudio de las cuestiones éticas y sociales que surgen de los desarrollos en las áreas de la biología y la medicina e incluye temas centrales extraidos de las ciencias naturales y sociales y de las humanidades.” (citado en Potter, 1975); o del mismo autor: “La Bioética es la rama de la ética aplicada que estudia las prácticas y desarrollos en campos de la biomedicina” (citado en Potter, 1998). También leemos en la Enciclopedia de Bioética: “La bioética es el estudio sistemático de la conducta humana en el campo de las ciencias de la vida y de la salud, a la luz de los valores y de los principios morales” (Reich, 1978, p. XIX).

Fuera de las fronteras de los EEUU, Andorno (1998), (p. 12) señala: “Pero la bioética es una parte de la ética y no toda la ética. Ella se ocupa de la vida en cuanto tal. La pregunta central que se plantea es: ¿cómo debemos tratar a la vida? Pero debemos aclarar que la pregunta no concierne a cualquier vida. Es la vida humana y su valor la que está en el centro del debate bioético, y no la vida de las plantas o de los animales” agregando al pie de página que: “En nuestra opinión, la preocupación relativa a la protección de los animales y del medio ambiente no forma parte del campo de la bioética, sino de la ecología”.

Diego Gracia (1988), (p. 32) expone: “Lo único que me interesaba era aclarar brevemente el sentido de la afirmación de Potter de que la bioética es el intento de confrontación de los nuevos hechos de las ciencias biomédicas con los valores propiamente humanos, con el objeto de interfecundar la ciencia con las humanidades y así hacer posible una visión global y omnicomprensiva de los problemas”. Y más adelante: “Pero la originalidad de la bioética no acaba ahí. En 1970 creó Potter el término y le dotó del significado ya expuesto…”

A diferencia del privilegio dado a la visión ecológica por Potter, en el caso de la bioética médica, cualquier consideración que no concierna directamente a pacientes humanos, parece una concesión marginal que subordina a la concepción Potteriana: “[La Bioética] Va más allá de la vida y la salud humanas, en cuanto comprende cuestiones relativas a la vida de los animales y las plantas; por ejemplo, en lo que concierne a experimentos con animales y demandas ambientales conflictivas” (Reich, 1978, p. XIX.).

En diferentes escritos y contextos, Potter (1975, 1988, 1996, 1998, 2000, 2002) hace recurrentes señalamientos a las inconsistencias de la bioética médica con su propuesta originaria. De manera elocuente dice: “Así, es con algo de sorpresa que he visto el significado del término migrar de su uso inicial. [El término] “Bioética” ha sido agarrado [sized upon en el original] por la profesión médica que ha ignorado su propósito y amplitud….Bioética debe continuar significando la aplicación de la ética a toda vida” (Potter, 1996). Su segundo libro, Global Bioethics: Building on the Leopold Legacy (Potter, 1988), fue ya un intento de conciliar ese uso disidente con su propuesta original. Revisa allí la colisión de las perspectivas de su bioética y de la “bioética médica”, reconociendo que la dicotomía se sustenta en la dimensión temporal de los problemas que priorizan: una visión de largo plazo, conducente a la supervivencia de la especie, que es propia de la primera, y una visión de corto plazo que vela por la salud y la vida de los individuos. Su bioética global supone la resolución de la dicotomía en un sistema unificado donde la supervivencia individual no colida con la aspiración de un ecosistema saludable que garantice la supervivencia de nuestra especie. Sin embargo, su mensaje tampoco parece haber sido comprendido por los “bioeticistas” de la medicina.

Un Futuro Posible para la Bioética de Potter

Cabría preguntarse, atendiendo a esa segunda preocupación que desde el comienzo se dijo acompaña estas líneas, si la adopción del neologismo en el campo médico no ha significado un penoso cisma en la ética médica al que algunos, con aparente razón, señalan como escenario para la justificación de ideologías que desconocen nociones de deber derivadas de una herencia hipocrática y cuestionan la tradición normativa del quehacer médico (Irving, 2001). Pero de nuevo, el propósito aquí es el de reivindicar los espacios originales de la bioética, liberarla de esos linderos impuestos por la reflexión médica, y eso sí parece inobjetablemente pertinente, no solo en vista del inmerecido menosprecio de la propuesta inicial de Potter, sino por la necesidad de atender aspectos que fundamentan las imperiosas amenazas a la integridad del ecosistema y de sus sistemas de regulación. En el diálogo entre ciencias y humanidades cabría reclamar de la ciencia una mayor atención a temas fundamentales de la relación de nuestra especie con el planeta. Por ejemplo, Wilson (1998) alerta sobre la precariedad de una civilización que pretende sustentar su bienestar sobre una cantidad de aparejos y prótesis tecnológicas dependientes del conocimiento y aplicaciones sofisticados, que progresivamente sustituyen mecanismos naturales de control, y cuyos daños colaterales pueden llegar a superar la capacidad restaurativa de los sistemas de mantenimiento de la vida en el planeta. Según él, la meta sería la de un desarrollo sostenible que garantice bienestar y elevada calidad de vida de los habitantes del mundo, pero con una mínima dependencia protésica. En cuanto al aporte o lado humanista del diálogo, cabría destacar la conveniencia de una continua revisión de nuestra concepción de progreso y la necesidad de enriquecer la decisión técnica con una dimensión axiológica que identifique dominios distintos del rédito a corto plazo. Sin duda ambicioso, pero igualmente urgente, es cuestionar y revisar las premisas que sustentan nuestra civilización, tarea que antropólogos, sociólogos, historiadores y filósofos parecen llamados a liderar. Difícilmente las grandes amenazas a la supervivencia de la humanidad han de conseguir solución si se persiste en buscar respuestas que eludan estos problemas de fundamento.

Las civilizaciones surgen de un tejido paradójico: surgen de aventuras humanas que aspiran el control y dominación de todo lo que hemos creído controlable y dominable, de juegos de poder y sumisión, de ideologías en tensión entre las que alguna es transitoriamente privilegiada. Surgen de mitos, presentes aun en los dominios más pretendidamente asépticos del conocimiento y de la ciencia, y también, aunque menos apreciable, surgen de la aspiración al bien y a la virtud. Dar hoy el privilegio a uno u otro de los móviles parece claro en cuanto a consecuencias y al parecer deberíamos apostar por la opción virtuosa que satisfaga el desideratum de supervivencia de nuestra especie en un planeta ecológicamente sano. Una aspiración que tal vez hoy veamos utópica, pero que claramente marca al norte. Como brújula, la bioética orientaría la búsqueda y uso del conocimiento trazando un camino respetuoso y promotor de los derechos humanos. Es difícil, quizás hasta arriesgado, suponernos hoy más conscientes de nuestras pulsiones de lo que lo éramos en otras etapas de la historia de Occidente, pero sin duda sí lo somos de las complejas interacciones que ponemos en marcha, bien en escala local o planetaria, al lanzar a la arena cada una de nuestras acciones, intervenciones e invenciones tecnológicas. Esta conciencia, además de permitir a la humanidad palpar la insuficiencia de viejos paradigmas, podría iluminar la búsqueda de esa sabiduría nacida en la conjunción de saberes científicos y humanísticos y podría también hacer de éste el tiempo para ir más allá de fórmulas mezquinas de valoración de este mundo del que es muy poco lo que realmente nos pertenece, pero al que aún habiéndolo olvidado, mucho pertenecemos. La búsqueda de esa sabiduría haría así efectiva la verdadera Bioética de Van Rensselaer Potter, un espacio de reflexión y acción libre de la constricción de los ghettos conceptuales de las éticas especializadas (Potter, 1999). Un espacio común a la política, a la economía, a las ciencias naturales y humanas, a las artes, en fin, a todos los saberes y haceres de Homo sapiens.

 

Obama estructura un comité asesor en bioética

abril 17, 2010

Esposa de Mohammed Ali forma parte de esta comisión especial 

Presidente Barack Obama.LOUISVILLE, Kentucky, EE.UU. (AP).- El presidente Barack Obama anunció que nombrará a la esposa del ex boxeador Muhammad Ali como integrante de un panel que asesorará al mandatario sobre asuntos de bioética.

La Casa Blanca informó el miércoles en un comunicado que Lonnie Ali será una de las 10 personas a quienes Obama nombrará como integrantes de la Comisión para el Estudio de Asuntos Bioéticos.

El panel hará recomendaciones al presidente sobre temas relacionados con el progreso en la biomedicina y áreas similares de la ciencia y la tecnología.

Lonnie Ali ha buscado llamar a la conciencia sobre el mal de Parkinson, que padece su esposo.

En el 2009, ambos abrieron el Pabellón Lonnie y Muhammad Ali, que coordina el Centro de Parkinson Muhammad Ali, ubicado en el campus del Instituto Neurológico Barrow en Phoenix, Arizona.

Fuente: Agencia AP